El Gobierno alemán tiene una imagen en la cabeza. Cada mañana, los trabajadores se levantan, se sientan al borde de la cama y se preguntan: ¿Es una buena idea ir a trabajar hoy? ¿O mejor me vuelvo a meter en la cama? La semana pasada, la coalición liderada por Friedrich Merz presentó un paquete de reformas para revitalizar la economía. Una de las más polémicas ha sido la suspensión de los certificados de baja laboral emitidos por teléfono y la exigencia de que se emitan desde el primer día de enfermedad en lugar del cuarto, como estaba estipulado hasta ahora. Uno de los líderes del partido democristiano (CDU), Jens Spahn, describía en la televisión alemana los casos que el Gobierno quiere evitar con las nuevas normas sobre las bajas por enfermedad. Más que aclarar una reforma polémica desde su anuncio, dio a entender que se trataba de empleados que, en su opinión, no están realmente enfermos, sino que están considerando si ir o no a trabajar. La postura del canciller de Merz fue más laxa, pero igual de determinante: “No aceptaremos el drástico aumento de las bajas por enfermedad desde el inicio de la pandemia”, dijo. Ya lo anticipaba en enero, cuando aseguró que los empleados en Alemania se toman una media de 14,5 días de baja por enfermedad al año. “Eso supone casi tres semanas en las que la gente en Alemania no puede trabajar por enfermedad. ¿Es eso realmente justo? ¿Es realmente necesario?”. Y ponía en duda los certificados emitidos por teléfono, que se implementaron durante la pandemia del covid, pero “¿siguen siendo necesarios hoy?”, se preguntaba. Las cifras oficiales, como las de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), apuntan a que, en promedio, los alemanes con un contrato a tiempo completo se toman 3 semanas al año de baja. Son los octavos a nivel europeo, por detrás de otros países como España, donde esa media se eleva hasta las cinco semanas. Las reformas que ha propuesto Berlín se replican precisamente en el país, donde solo es posible obtener un certificado de baja médica de forma presencial y desde el primer día de enfermedad. En ambos casos, con excepciones por convenios o acuerdos entre la empresa y el empleado. La noticia de la reforma, a pesar de las posibles excepciones, ha sido especialmente criticada en la sociedad alemana y se ha puesto en duda que vaya a tener un impacto real en la economía. Primero fue la oposición: “En un momento en que la coalición está asfixiando el sistema sanitario con sus políticas de austeridad, al mismo tiempo está enviando a millones de pacientes adicionales a las consultas médicas para meros trámites administrativos”, aseguró Janosch Dahmen, portavoz de política sanitaria del Partido Verde. TE PUEDE INTERESAR Luego la comunidad médica: “Esto es un desastre absoluto para las consultas médicas y será una carga considerable para los centros”, añadía Martin Degenhardt, de la Alianza Libre de Asociaciones de Médicos de Seguros de Salud Obligatorios. Y, finalmente, los expertos en políticas económicas. “Los estudios científicos disponibles indican que la emisión de justificantes médicos por teléfono no ha provocado un aumento de las bajas por enfermedad. Sin embargo, sí alivia la carga de los consultorios médicos, de los empleados enfermos y las compañías de seguros de salud. Por lo tanto, una abolición general no es aconsejable”, explica Enzo Weber, jefe de investigación del Instituto de Investigación sobre el Empleo de Nuremberg, en un comentario compartido con El Confidencial. “Los empleadores ya pueden exigir un certificado de incapacidad laboral desde el primer día. Convertir esto en la norma es innecesario. En muchos casos, supondrá una carga adicional para los empleados y los consultorios médicos”, añade. Tanto Weber como otros analistas se preguntan cuál es el verdadero propósito de esta medida. Un voto de desconfianza La nueva normativa sobre las bajas laborales puede ser una medida relativamente pequeña dentro de un proyecto de reforma general de 12 páginas y 34 páginas. Pero es simbólica. Merz la calificó como una “decisión difícil”, pero que evidencia que son tiempos complicados para el país y que es necesario un mayor esfuerzo para mejorar el ecosistema económico y empresarial. “Nos encontramos en el quinto año de estancamiento; Alemania está sumida en una crisis de renovación: la reestructuración económica avanza lentamente, el mercado laboral apenas se mueve y las inversiones son escasas. El desempleo aumenta, pero al mismo tiempo, hay escasez de mano de obra cualificada”, resume Enzo Weber. En los últimos años se han presentado varias iniciativas para intentar lidiar con un problema para el que la solución parece compleja. "En 2023, un empleado alemán trabajó una media de 1.343 horas. Esto supone 92 horas menos que en Austria, 186 horas menos que en Suiza y 391 horas menos que en Italia. No somos lo suficientemente productivos”, aseguró Bertram Brossardt, el director general de la Asociación de Empresas Bávaras, el año pasado. TE PUEDE INTERESAR Su plan pasaba por eliminar un día festivo. El excanciller alemán Olaf Scholz intentó apostar por otras estrategias, como fomentar las horas extra. Economistas como Enzo Weber llevan tiempo luchando contra este tipo de “bandazos” para encontrar una posible solución. Weber proponía a El Confidencial un modelo flexible basado en trabajar “X días a la semana” y en el que cada uno puede ajustar sus horarios en función de sus necesidades. "Confío mucho más en este sistema que en fomentar las horas extra, porque en realidad, también responde a un modelo flexible en el que las empresas pueden usarlo en momentos de gran actividad. Pero en general deberían evitarse. Fomentar las horas extras va realmente en contra de la naturaleza de las horas extras", afirmaba el investigador en una entrevista anterior. También propone otras medidas como fomentar contratos de duración determinada y reducir las indemnizaciones para los nuevos empleados para potenciar el movimiento entre trabajadores. Además, Weber sostiene que los alemanes no trabajan menos, aunque las cifras oficiales que tiene el Gobierno alemán indican lo contrario. Unas métricas que, según Enzo Weber, se explican por un cambio demográfico y social. "En realidad, se trabaja más porque hay una tendencia creciente en la participación de las mujeres en el mercado laboral. A nivel internacional, la participación de las mujeres en Alemania es realmente alta. Pero la mayoría tiene trabajos a media jornada. Por lo tanto, cuantas más entren en el mercado laboral, menor es el tiempo medio de trabajo. Pero eso no significa que se trabaje menos o menos horas", explicó. TE PUEDE INTERESAR Friedrich Merz quiso enmarcar la medida relacionada con las bajas laborales como una decisión “difícil” en tiempos complicados, pero para una parte de la sociedad tiene una segunda lectura. Muchos lo han percibido como un voto de desconfianza personal, y no una forma de abordar un problema presuntamente sistémico. “Las excepciones ya son posibles, pero ahora se contemplan como una medida más estricta. Los empleadores también pueden exigir el certificado el primer día. La diferencia radica en que, hasta ahora, se confiaba generalmente en los empleados; la nueva normativa genera una desconfianza fundamental”, apuntaba un artículo de Los sindicatos han condenado la decisión y en redes sociales muchos se lo han tomado como un ataque personal. "Esto, a su vez, exacerba la desconfianza en nuestro sistema político, que ya enfrenta problemas de legitimidad", apunta un artículo publicado en “Por pura desconfianza, se está imponiendo una nueva carga burocrática, mientras que en la misma rueda de prensa el gobierno subraya su deseo de reducir la burocracia y depositar más confianza en el pueblo alemán”, concluye Anna Sophie Kühne, experta en economía del Frankfurter Allgemeine.