Enfrascado en un proceso de recortes sociales desde que llegó al poder hace un año, el Gobierno alemán, con el canciller Friedrich Merz a la cabeza, quiere rebajar el coste del estado de bienestar. En un reciente discurso ante la Confederación Sindical Alemana (DGB) en Berlín, Merz afirmó que Alemania necesita "reformas" para reactivar la estancada economía del país. PublicidadTras intentar meter mano en las pensiones, el último capítulo de esta ola de recortes es una reforma laboral. El Gobierno alemán planea una flexibilización de la jornada de trabajo, respondiendo así a una petición de algunos sectores productivos—entre ellos la restauración y la hotelería— y en medio de críticas de los sindicatos. Bärbel Bas, ministra de Trabajo, espera tener listo para junio un proyecto de ley para presentar al Bundestag (Parlamento). Según la legislación alemana, la jornada laboral no puede superar las ocho horas diarias. En casos puntuales puede extenderse a las diez horas siempre y cuando se mantenga el promedio de las ocho horas diarias en el curso de un semestre. Los planes de la actual coalición de Gobierno contemplan flexibilizar esa regla y establecer, en lugar de un máximo para la jornada diaria, un límite semanal de horas trabajadas que se pueden distribuir a lo largo de los días laborables. La ministra alemana de Trabajo explicó que el objetivo no es extender la jornada laboral en general, sino facilitar la conciliación de la vida familiar y profesional, especialmente para las mujeres y los padres jóvenes.La reforma laboral que tiene en mente el Ejecutivo de Merz no propone trabajar menos horas, sino redistribuirlas con mayor flexibilidad. La jornada laboral de ocho horas no tendría por qué ser la norma si la reforma del Gobierno alemán sale adelante.En Alemania se podría dar el caso de que un empleado trabajara más de ocho horas un lunes y lo compensara reduciendo la jornada en otro día de la semana. ¿Tiene sentido eso? Los expertos insisten en que no solo se trata de trabajar menos, sino de hacerlo en mejores condiciones. A este efecto, los sindicatos alemanes temen que los trabajadores de su país se enfrenten a jornadas laborales maratonianas de hasta 13 horas. Señalan que la legislación alemana establece que entre el fin de una jornada y el comienzo de la siguiente tienen que pasar al menos 11 horas, por lo que se muestran temerosos de que se impongan días de trabajo en contra de la voluntad de los trabajadores. PublicidadEn cualquier caso, la propuesta tiene una trampa: reordenar o flexibilizar la jornada laboral sin reducir el número de horas trabajadas, tal como se plantea en Alemania, es un contrasentido, apuntan los expertos. "No le veo la ganancia de acumular horas de trabajo", enfatiza Begoña Cueto, catedrática de Economía Aplicada en la Universidad de Oviedo y experta en el mercado laboral. "En este asunto de la flexibilidad hay dos temas que son claves. El primero tiene que ver con la reducción efectiva de la jornada laboral, pero también hay otra cuestión que tiene que ver con la distribución de la jornada a lo largo del día. De nada sirve trabajar seis horas un día si luego esa jornada se distribuye de tal forma que al final te termina colonizando todo el día. Imagínate: jornadas partidas con dos o tres horas entre medias. Tenemos que avanzar en la línea de reducir la jornada, de mejorar su distribución y también de mejorar la conciliación. La flexibilidad tiene que nacer de la voluntad del trabajador para que tenga la facilidad de organizar sus tiempos de trabajo", profundiza Carlos Gutiérrez, jefe de estudios del sindicato Comisiones Obreras (CCOO), cuando se le pide una valoración de los planes del Ejecutivo de Merz. Begoña Cueto añade que una flexibilización de la jornada laboral como la que se propone en Alemania podría tener "un efecto negativo en la calidad de trabajo en términos de productividad" dado que las personas trabajadoras acumularían cansancio y no rendiría igual. PublicidadUn argumento que comparte plenamente Carlos Gutiérrez, quien también apunta que trabajar más horas un día compensando otro día tiene consecuencias sobre la salud laboral de los trabajadores. "Diez horas o más trabajando afecta no solo al rendimiento del trabajador, si no también a su salud. Por eso esta medida no es tan positiva". La Confederación Sindical Alemana (DGB), la principal central sindical del país, ya se ha manifestado en contra de los planes del Gobierno. Yasmin Fahimi, presidenta del DGB, ha sido cristalina respecto a esta cuestión: "Estamos viendo intentos de cuestionar la jornada laboral de ocho horas o de socavar los sistemas de seguridad social. No toquen la jornada laboral de ocho horas".El debate de la semana laboral de cuatro díasAlgunos medios van un poco más lejos y apuntan que la reforma del Gobierno de Merz abriría la posibilidad de aplicar una semana laboral de cuatro días, aunque parece que los planes de Berlín van en otra dirección. Sin embargo, en Europa ese debate es recurrente y hasta el líder del PP se ha sumado a él. Alberto Núñez Feijóo lanzó en septiembre de 2024 la propuesta de una semana laboral de cuatro días sin reducir el tiempo de trabajo. El presidente del PP se abrió a estudiar con los agentes sociales la semana laboral de cuatro días en "algunos sectores" a través de jornadas de "nueve horas o nueve horas y media", sin reducir el número total de horas trabajadas. Una propuesta muy parecida a la que plantea el Gobierno alemán."¿Es posible una jornada de cuatro días tal y como están actualmente nuestras jornadas laborales?", se pregunta retóricamente Carlos Gutiérrez, jefe de estudios del sindicato Comisiones Obreras (CCOO) cuando se le plantea ese escenario. Él mismo responde que no: "A lo mejor en sectores donde se trabaja 35 horas a la semana, podría ser; pero claro, con una jornada semanal de 40 horas, ¿qué vas a hacer, trabajar diez horas al día? Es inviable, y desde luego no va en favor de la conciliación". Begoña Cueto tampoco le ve "ningún sentido" a una hipotética semana laboral de cuatro días sin reducción de las horas trabajadas.En España, la reducción de la jornada laboral, cuya tramitación parlamentaria llegó a iniciarse en el Congreso, aunque PP, Vox y Junts tumbaron finalmente el proyecto en septiembre de 2025, fue impulsada por la ministra Yolanda Díaz desde el Ministerio de Trabajo. La propuesta de Trabajo se planteó como una reducción efectiva de horas —pasar de 40 semanales a 37,5— y solo incluía a más largo plazo introducir la semana laboral de cuatro días, pero reduciendo el tiempo de trabajo a 32 horas semanales.