Se trata de un debate recurrente e impopular, que resurge especialmente en tiempos de crisis como los actuales, con la economía estancada tras dos años de recesión y una población envejecida que hace tambalear el robusto Estado social de Alemania. Pero, ¿son los alemanes unos vagos, como dejó entrever recientemente el canciller Friedrich Merz?, ¿o esta sensación es tan solo producto de una estructura social y de incentivos fiscales errónea?
“En este país tenemos que volver a trabajar más y, sobre todo, de forma más eficiente”, afirmó hace unas semanas Merz en una jornada económica de su partido, la Unión Cristianodemócrata (CDU). “Con la semana de cuatro días y el Work-Life-Balance [el equilibrio entre la vida personal y profesional] no podremos mantener la prosperidad de este país”, agregó, desatando una oleada de críticas, que le acusan, entre otras cosas, de querer combatir los síntomas con recetas del mundo laboral del pasado.
Titulares como Los alemanes no son vagos, es el mundo laboral el que es pésimo o La leyenda de los alemanes vagos se han sucedido desde entonces. Mientras, los alemanes consideran injustas las palabras de Merz. “No creo que seamos unos vagos. No se puede generalizar. En todos los países hay personas muy trabajadoras y personas que a lo mejor trabajan menos”, comenta Dorothee Schultz, que lleva años en una gran empresa alemana en Berlín. Como en todos lados, cuando hay que cumplir un plazo, hace muchas horas extra.








