El canciller y sus socios reforman esta medida emblemática de los socialdemócratas, que se caricaturizó como una “ayuda para holgazanes”

La renta ciudadana, una de las banderas progresistas del excanciller socialdemócrata Olaf Scholz en Alemania, tiene los días contados. La medida se ideó bajo el anterior Gobierno como una red de seguridad existencial mínima para las personas sin seguro de desempleo. Pronto se convirtió en símbolo de las supuestas disfunciones del robusto Estado del bien...

estar alemán y de su viabilidad. El sucesor de Scholz, el democristiano Friedrich Merz, prometió en campaña electoral el pasado invierno acabar con el Bürgergeld (literalmente, el dinero ciudadano). Criticado por incumplir promesas desde que hace cinco meses llegó al poder y por alejarse de su original credo conservador, Merz puede decir que, en este caso, ha cumplido. Al menos, en parte, porque desde la derecha ya surgen críticas por la modestia de la reforma.

Merz arrancó en la noche del miércoles al jueves un acuerdo con los socialdemócratas, sus socios de coalición, para rebautizar el Bürgergeld. A partir de ahora, se llamará Grundsicherung: seguro básico. El cambio de nombre es la anécdota, si bien permite a los democristianos celebrar que este subsidio, que habían convertido en objeto de todos los ataques y causa de todos males, quedaba enterrado. La categoría es otra: el endurecimiento de las sanciones para los receptores que eludan cualquier esfuerzo para buscar un empleo o una formación. Quien falte a tres citas seguidas en la Oficina de Empleo sin justificarlo perderá la totalidad del dinero. Tras una cuarta falta, el beneficiario puede perder, además, la ayuda a la vivienda.