"No presta atención", "es inteligente, pero no estudia", "es vago", "madurará con el tiempo". Durante décadas, esas frases acompañaron la historia escolar de miles de chicos que, en realidad, convivían con una dificultad específica del aprendizaje que nunca había sido detectada. Es que la dislexia y sus variantes continúa siendo una condición ampliamente subdiagnosticada y, según especialistas y familias, el desconocimiento sigue provocando consecuencias que van mucho más allá de las dificultades para leer: baja autoestima, ansiedad, bullying, depresión y abandono escolar. La dislexia no es una enfermedad ni un déficit intelectual. Se trata de una condición de origen neurobiológico que afecta principalmente la capacidad para decodificar el lenguaje escrito, establecer la relación entre sonidos y letras y desarrollar una lectura fluida. Las personas que la presentan conservan intactas sus capacidades cognitivas y, con frecuencia, sobresalen en disciplinas vinculadas con la creatividad, el pensamiento visual, la música, el arte, la informática, el diseño, la ciencia o el deporte. La historia de la periodista y conductora Marina Wollmann refleja con crudeza esa realidad. Primero fue madre de Simón y Teo, ambos con dislexia, y atravesó durante años la incertidumbre de buscar diagnósticos, cambiarlos de escuelas y enfrentar instituciones y docentes que no sabían cómo acompañarlos.
Dislexia: la dificultad invisible que aún hoy condena a miles de chicos al fracaso y al bullying escolar
En Argentina, entre uno y dos alumnos por aula podrían tener dislexia, pero la mayoría nunca recibe un diagnóstico oportuno. Especialistas advierten que la falta de capacitación docente y el incumplimiento de la ley generan frustración, ansiedad, bullying y fracaso escolar en niños que tienen una inteligencia completamente normal.











