Análisis Exclusivo suscriptores Un informe de la Universidad Icesi y una evaluación de la Fundación Barco exponen por qué los jóvenes abandonan el colegio.La secretaría de educación busca más estrategias que fortalezcan la permanencia estudiantil. Foto: CortesíaSUBDIRECTOR VIDA06.07.2026 16:00 Actualizado: 06.07.2026 16:00

De cada dos adolescentes colombianos que deberían estar sentados en un salón de grado décimo u once, solo uno en verdad está estudiando. El otro quedó en el camino: repitió un año, se atrasó, o simplemente dejó de matricularse en algún punto entre la primaria y la secundaria. Esa es la radiografía que deja un nuevo informe del Observatorio de Realidades Educativas de la Universidad Icesi (ORE), que, de acuerdo con los investigadores, revela los ejes claves del sistema que deben ser atendidos por el próximo gobierno. LEA TAMBIÉN El diagnóstico nacional, contenido en el informe "Cobertura y abandono escolar en educación media", parte de una cifra que resume casi una década de política educativa en crisis: de los cerca de 971.000 niños que se matricularon en primero de primaria en 2013, solamente 536.000 llegaron a grado once en 2023. Es decir, 430.000 jóvenes —cerca del 45 por ciento de esa generación— se quedaron por fuera de una trayectoria escolar completa. Y no se trata de un caso aislado: la cohorte anterior, la que terminó el colegio en 2022, tuvo un comportamiento casi idéntico, con solo el 55 por ciento de continuidad.Detrás de esa deserción hay una explicación estructural que el informe expone sin rodeos: la Constitución colombiana solo obliga a los niños a estudiar hasta noveno grado, dejando a los grados décimo y once —la llamada educación media— por fuera del marco de obligatoriedad. A eso se suma que este ciclo ha sido, durante décadas, es el que ha recibido menor atención en las políticas públicas: primero se priorizó universalizar la primaria, y en años más recientes el foco pasó directamente a la educación superior, saltándose el eslabón intermedio.El resultado es una tasa de cobertura neta —el porcentaje de jóvenes de 15 y 16 años que efectivamente están matriculados en el nivel que les corresponde— de apenas 51 por ciento. Se trata de la tasa más baja de todo el sistema educativo: mientras en primaria esa cobertura ronda el 87 por ciento y en secundaria el 77 por ceinto, en media cae 36 puntos porcentuales frente a la primaria, una brecha que se ha mantenido casi intacta durante la última década. Y aunque Colombia ha mejorado lentamente ese número, sigue muy por debajo del promedio de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), que ronda el 84 por ciento.Esa brecha,es mucho más marcada en las diferentes regiones del país. Mientras en municipios de la región andina como Sabaneta (Antioquia) o Sogamoso (Boyacá) casi 8 de cada 10 adolescentes permanecen escolarizados, en zonas como Vichada y Guainía la cifra se desploma a apenas 1 de cada 10.colegios Foto:CanvaDeserción disfrazada de movilidad laboralSi el informe de la Universidad Icesi pone el número sobre la mesa, una evaluación hecha por la Fundación Barco explica, pueblo por pueblo, qué hay detrás de este fenómeno. Para ello se evaluó su modelo ESCALA, aplicado entre 2025 y 2026 en instituciones educativas rurales de Caldas, Norte de Santander, Valle del Cauca, Huila, Meta y Magdalena, con el cual se buscaba justamente entender las causas raíz del abandono escolar, más allá de la estadística.El primer hallazgo desafía uno de los supuestos más arraigados sobre la deserción rural: buena parte de lo que las cifras oficiales registran como abandono definitivo es, en realidad, movilidad laboral estacional. En territorios donde las familias dependen de economías agrícolas de temporada, los hogares se desplazan cuando termina un contrato y regresan cuando empieza el siguiente, retirando y volviendo a matricular a sus hijos de forma cíclica.En Ciénaga, Magdalena, el 78,6 por ciento de los docentes identifica el cambio de residencia como la causa principal de salida de sus estudiantes; en Dagua, Valle del Cauca, esa cifra llega al 100 por ceinto de los maestros consultados. El sistema de matrícula del país, advierte la fundación, necesita un indicador específico de movilidad poblacional estacional, porque sin él, "el diagnóstico nacional seguirá distorsionado, asignando recursos bajo métricas que confunden la migración laboral con el abandono definitivo".El segundo factor es la falta de un horizonte de vida. En Bochalema, Norte de Santander, el 77,8 por ciento de los estudiantes en riesgo de abandonar el colegio no ve el estudio como una oportunidad, sino como una obligación que hay que cumplir.En el Huila, apenas el 37,5 por ciento de los jóvenes considera que la educación superior es una alternativa real, frenados por el costo, la distancia y la inseguridad. En una sola institución educativa de ese departamento, de 44 estudiantes que se graduaron en el ciclo anterior, solamente siete continuaron estudiando: una tasa de continuidad de apenas el 16 por ciento."La falta de motivación en las aulas rurales es el reflejo de un entorno sin alternativas reales (…) Cuando no hay opciones técnicas o profesionales accesibles, el desinterés es una respuesta realista a las limitaciones materiales del territorio", explicó María Camila Arango Isaza, coordinadora de programas de la Fundación Barco, quien insiste en que la orientación vocacional y los planes de vida no pueden seguir tratándose como un asunto secundario en la política educativa. LEA TAMBIÉN Trabajar antes de graduarseEl tercer factor es más directo: la plata. El empleo remunerado antes de terminar el colegio compite de frente con la permanencia escolar en las zonas rurales evaluadas. En Bochalema, el 55,6 por ciento de los estudiantes que manifestaron intención de abandonar sus estudios ya trabajaba a cambio de un pago. En Puerto López, Meta, esa proporción es del 40 por ciento, y casi cuatro de cada diez de esos jóvenes reconoce que el trabajo les resta directamente el tiempo que deberían dedicar a sus deberes escolares.El cuarto frente que documenta la evaluación es, quizás, el más delicado: la salud y la seguridad. En Dagua, una cuarta parte de los estudiantes en riesgo de deserción reporta gestaciones tempranas en su entorno cercano, un fenómeno que —según la fundación— exige articular la educación con los servicios de salud sexual y reproductiva del territorio, porque el problema desborda por completo las fronteras del aula.El consumo de sustancias psicoactivas agrava el panorama. En Villamaría, Caldas, los propios docentes estiman que entre el 40 y el 50 por ciento de sus estudiantes presenta algún nivel de consumo, y el 45,5 por ciento considera que el microtráfico afecta la regularidad escolar de sus alumnos. Esa cifra escala de forma dramática en Puerto López, donde el 93,3 por ciento de los maestros identifica el microtráfico como un factor que interrumpe la asistencia al colegio.El quinto hallazgo explica, en parte, por qué ninguno de los problemas anteriores logra resolverse a tiempo: los maestros no se quedan. En la institución evaluada en el Huila, el 90 por ciento del cuerpo docente fue reemplazado en apenas tres años. En el Magdalena, la rotación oscila entre el 70 y el 75 por ciento, con profesores nuevos que, según el informe, llegan sin formación específica para trabajar en contextos rurales. Sin estabilidad docente, cualquier estrategia de acompañamiento a estudiantes en riesgo de abandono tiene que empezar de cero una y otra vez.Los investigadores tanto de la Universidad Icesi como de la Fundación Barco coinciden en que la educación media colombiana no tiene un problema, sino varios, que cambian de rostro según la geografía, pero que comparten un mismo síntoma —el abandono progresivo— y una misma raíz —factores que exceden por completo la capacidad de un aula.A todo esto se suma la caída sostenida de los nacimientos en Colombia durante la última década, que también ha llevado a la reducción en la matrícula y al cierre de cientos de colegios privados en Colombia.Y es que, pese a que, a primera vista, menos niños podría sonar como un alivio para un sistema educativo saturado, el informe de la Universidad Icesi advierte lo contrario. Si la cobertura en media no aumenta al mismo ritmo en que se reduce la base de estudiantes, la población juvenil efectivamente escolarizada caerá de forma sustancial en los próximos años, con un efecto en cascada sobre la educación superior, el mercado laboral y el talento humano calificado que el país necesitará.REDACCIÓN EDUCACIÓN Sigue toda la información de Vida en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.