Suena la alarma. Te levantas, desayunas y te duchas. Te pones el desodorante, unas gotas de perfume y la crema solar. Sales a la calle, pero la temperatura del asfalto es ya sofocante desde por la mañana. Aunque buscas la sombra, llegas a la oficina asfixiado. Pero quizás no trabajas en una oficina, sino al aire libre, donde no hay aire acondicionado que te salve. Es el caso de los agricultores y agricultoras, un trabajo precarizado y sometido a un estrés térmico que se agrava con la crisis climática. Los problemas se acrecientan en el caso de los trabajadores migrantes. Debido a las desigualdades económicas, sus empleadores les ponen entre la espada o la pared: proteger su salud o mantener sus ingresos.Publicidad"Las condiciones laborales de los agricultores ante el calor son una cuestión de clase", declara a Público Larissa Lenning, socióloga de la Universidad de Hamburgo especializada en calor extremo en el lugar de trabajo, normativa estatal y estrategias sindicales. "La capacidad de tomar decisiones y aplicar medidas de protección contra el calor es una cuestión de clase. Un agricultor propietario de una finca puede decidir tomarse un descanso, pero los trabajadores no tienen la misma capacidad individual debido a su dependencia del empleo".En concreto, Lenning ha investigado a los trabajadores y trabajadoras del campo en España y Alemania. "Debido a la tendencia a sustituir la mano de obra familiar por empleo remunerado en la agricultura española, así como a la contratación de trabajadores migrantes, cada año hay más personas trabajando en este sector que están muy expuestas al calor y se encuentran en una situación muy precaria", recalca la experta. Para sus estudios ha realizado entrevistas con empleados de Almería. "Me dijeron que faltan medidas básicas de protección en la mayoría de empresas, como pausas, agua fresca, ropa de protección y jornadas más cortas", cuenta. Además, "afirman sufrir una presión laboral muy elevada durante todo el caluroso verano, lo cual no es culpa de los agricultores a nivel individual, sino de las presiones de exportación que caracterizan al sector".Un verdadero riesgo para la saludEstas condiciones tienen consecuencias directas sobre los cuerpos de las personas, que se exponen al Sol durante sus horas más duras y desempeñan un trabajo físico extenuante. El Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) también ha llevado a cabo estudios sobre el terreno, en contacto con los propios trabajadores, payeses y ONG. Así lo explica a este medio Anna Brugulat-Panés, investigadora posdoctoral de la organización científica. "Hay una base de precariedad y vulnerabilidad que marca mucho cómo el efecto del calor impacta sobre la persona", explica. Si bien matiza que el desarrollo de maquinaria ha reducido las exigencias físicas, insiste en que las jornadas siguen siendo "demandantes", además de "largas" y "a pleno Sol". En resumen, "el trabajo en el campo es durísimo".Coincide con ella Nenning, quien señala que, de hecho, "la industrialización y la liberalización económica, junto con el cambio climático y la reestructuración laboral resultantes, han agravado sus efectos [los del trabajo agrícola] sobre la salud". La socióloga de la Universidad de Hamburgo advierte de que "el estrés térmico laboral tiene consecuencias a corto plazo, como el agotamiento o el golpe de calor, pero también efectos a largo plazo más ocultos, como la enfermedad renal crónica, las enfermedades cardiovasculares o los problemas respiratorios".PublicidadLarissa Nenning, socióloga: "Los agricultores migrantes son los más afectados por el calor, lo que forma parte del racismo estructural"Brugulat-Panés añade que todo esto empeora todavía más en función de factores socioeconómicos. "Son barreras que hemos identificado hablando con personas sobre el terreno", cuenta. Entre ellas, influyen cuestiones como tener una red de soporte familiar o social, acceso al sistema sanitario para poder acudir al médico, la posibilidad de darse una ducha al llegar a casa o tener un descanso confortable, prolongado y de calidad. Todos estos elementos son más complicados de obtener en el caso de las personas migrantes, expresa la investigadora del ISGlobal.En la misma línea, Nenning denuncia que "los trabajadores agrícolas migrantes son los más afectados, lo que también forma parte del racismo estructural que no considera que su salud merezca la misma protección que la de los demás". La socióloga recuerda que en estos momentos está en marcha la campaña de la sandía. "Muchos agricultores trabajan a destajo cosechando pesadas sandías destinadas al mercado europeo. Trabajadores me han contado que muchas veces solo les pagan un céntimo por kilo, lo que les obliga a trabajar al máximo bajo el calor, con los peligros que ello conlleva"."He visto a muchísimas mujeres se han caído al suelo, desmayadas por el calor", rememora Abdoulayé, extrabajador agrícola, en conversación con Público. "Trabajar con tanto calor, que sales con 38ºC o 39ºC a pleno Sol, o que estás debajo de plástico, es algo muy duro", explica. Por este motivo, afirma que muchas personas acababan yendo al centro de salud por problemas exclusivamente relacionados con el calor que habían sufrido durante la jornada.PublicidadLarissa Nenning: "La precariedad laboral es el mayor riesgo para la salud de los trabajadores en el contexto de la crisis climática"No todos los perjuicios tienen lugar en el trabajo al aire libre. "Hablé con muchas trabajadoras de los almacenes de envasado de Almería, en su mayoría mujeres migrantes, que me contaron que también sufren mucho por la falta de ventilación, la falta de pausas y las largas jornadas laborales durante las calurosas tardes. Muchas me dijeron que se desmayan y se ponen enfermas por el calor", informa la investigadora alemana."La precariedad laboral es el mayor riesgo para la salud de los trabajadores en el contexto de la crisis climática", insiste. Abdoulayé, de origen senegalés, explica que la única razón por la que él y sus compañeros eran capaces de aguantar estas condiciones de trabajo es precisamente la idea de "haber venido aquí para trabajar". "Yo decía siempre que hemos venido para ganar dinero", y bajo esa premisa, "aguantamos hasta lo peor".Explotación laboral y el papel de los sindicatosDe acuerdo con el Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (INSST), los accidentes laborales aumentan un 17% durante las olas de calor. "Es probable que la cifra real sea mucho mayor, ya que muchos accidentes laborales relacionados con el calor no se denuncian", apunta Nenning. Entre las razones que los agricultores han compartido con la socióloga en sus investigaciones sobre el terreno, se encuentra el hecho de que "los jefes no llaman a una ambulancia y los trabajadores se ven abandonados a su suerte", comenta. "A veces, los compañeros les ayudan llevándolos al médico, pero puede resultar difícil demostrar que se trata de un accidente laboral y registrarlo como tal".La investigadora de la Universidad de Hamburgo también ha analizado la manera en la que los sindicatos se coordinan para mejorar las condiciones de los trabajadores. En este sentido, destaca la labor de entidades más pequeñas que movilizan a las personas migrantes, como SOC-SAT Almería o Jornaleras de Huelva en Lucha. Estas organizaciones "comparten información sobre los derechos de los trabajadores en relación con el calor directamente con los más afectados, pero cuentan con pocos recursos", indica.También menciona que existen comités de empresa de UGT que "están presentando denuncias ante las inspecciones de trabajo para obligar a las compañías a aplicar medidas básicas de protección contra el calor". De todos modos, recuerda que "la inspección de trabajo no cuenta con los recursos ni la capacidad suficientes para poner fin a la explotación laboral sistemática y al incumplimiento de las normas de protección contra el calor que sufren los trabajadores agrícolas". Asimismo, identifica que "el problema es que los sindicatos mayoritarios no tienen una gran presencia en los sectores más precarios de la agricultura, por lo que gran parte de esta información no llega a la gente".Desde el departamento de Salud Laboral y Medioambiente de la Federación de Industria Construcción y Agro de UGT (UGT-FICA), declaran a Público que "todos los años cuando llegan las fechas de mayo y junio colgamos siempre una campaña en nuestra página web". La información incluye consejos para "combatir el estrés térmico", medidas preventivas y recomendaciones. Del mismo modo, afirman que entre sus líneas de actuación también se encuentra "la negociación colectiva". En este caso, existen protocolos específicos para los sectores de la construcción y el agrario ante fenómenos climáticos adversos.Refugios climáticos y ciencia colaborativaLa investigación de campo que el ISGlobal ha llevado a cabo busca también encontrar nuevas líneas de actuación para mitigar los efectos del calor sobre los trabajadores agrícolas. Para ello, Brugulat-Panés reitera que han colaborado con los propios empleados, los payeses y las ONG. Estas últimas, incide la científica, llevan años realizando obras de apoyo sobre el terreno y conocen bien la sensibilidad de las personas del sector. De este modo, pone el foco en que el proyecto que están actualmente llevando a cabo se ha diseñado mediante la participación de todos los actores implicados, con un prisma horizontal que pretende ser integrador y democrático, frente a formas antiguas de hacer ciencia, que tenían un carácter más vertical y paternalista.PublicidadCon todo ello, este año planean instalar en los campos de Lleida algunos refugios climáticos para los trabajadores. Dichos refugios están pensados para "que sirvan de sombra y descanso, provistos de agua en abundancia a una temperatura agradable, con ventilación para que corra el aire", describe la investigadora posdoctoral. Además, se incluyen materiales de protección, como camisetas de algodón transpirables de manga larga, pantalones y otras prendas. Para llevar a cabo esta intervención, el equipo del ISGlobal cuenta con un grupo de arquitectos que diseñará los refugios con materiales propios del campo.Brugulat-Panés reconoce que quizás haya quien se pregunte: "¿Cómo puede ser que aún estemos en este nivel y no se garanticen estas cosas básicas?". Responde que no es su tarea juzgarlo, y pone de relieve que el objetivo del proyecto es "dignificar el trabajo". De igual modo, expresa que "ojalá" las administraciones públicas tomaran esta clase de medidas, y no dependiera de la decisión centros de investigación como el ISGlobal. En cualquier caso, espera que el trabajo científico que lleven a cabo sirva para que las instituciones adopten estas líneas de actuación en sus políticas.
Trabajador agrícola y migrante: el doble sufrimiento ante el calor extremo por la crisis climática
Agricultor y migrante: doble sufrimiento laboral ante el calor extremo por la crisis climática













