Es un gag recurrente en las ficciones ambientadas en la oficina: en Mad Men, la maravillosa Joan lanza una línea mordaz sobre cómo las secretarias tienen que ir con rebecas porque Don Draper siempre pide que pongan el aire a tope. El gesto de la chaquetita, como el de frotarse los brazos, salpica de realidad numerosas series y películas (The Office, House of Cards) porque conecta con una situación casi universal en la vida corporativa de las mujeres: mientras fuera hace un calor abrasador, el trabajo “parece el Ártico aquí dentro”, dice Sandra Bullock en La Proposición. El trance, en realidad, se extiende a muchos otros locales a los que podemos acceder en el verano: quien no haya tiritado en El Corte Inglés en pleno agosto que tire la primera piedra.
La ropa puede ayudarnos a sobrellevar tanto el calor intenso del verano como el contraste con el aire acondicionado fuerte, desde mejorar la circulación en pies y piernas hasta atenuar el choque térmico con tejidos que regulen la humedad. Al elegir estratégicamente las telas y las técnicas de capas es posible navegar mejor las fluctuaciones entre las calles calurosas y el ambiente frío de la oficina. Porque vestirse puede hacerlo cualquiera, pero vestirse bien para pasar en un mismo día del verano al invierno -y, al rato, de vuelta al verano otra vez- manteniendo cierto estilo puede ser una tarea más llevadera si tenemos en cuenta algunos trucos de estilismo.







