Bajo el mismo sol, el verano asfixia más a algunos, especialmente a los que viven en condiciones precarias durante todo el año. Alrededor de un tercio de los hogares españoles no puede mantener una temperatura adecuada, según un informe de Greenpeace de 2025. Y hay quienes ni tienen techo: una de cada mil personas se encontraba sin hogar en 2023 en nuestro país, según los últimos datos Ministerio de Derechos Sociales. Mientras tanto, las vacaciones escolares obligan a los padres con menos recursos a hacer malabares con sus jornadas. También repercute en el mercado laboral: más allá de los empleos estacionales, los procesos de búsqueda de otros trabajos se ralentiza, aunque los gastos sigan siendo los mismos en verano que en invierno. Por eso, las organizaciones sociales continúan o refuerzan sus labores durante el verano. Y su acción repercute en individuos y familias completas. Nada más terminar el curso escolar, los cuatro hijos de Aniqa Khalid (Islamabad, Pakistán, 36 años) ya comienzan a preguntar cuándo empiezan las actividades de verano de CaixaProinfancia en la Fundación de la Esperanza. “Les ilusiona porque disfrutan de lugares a los que no puedo acompañarlos normalmente; les encanta ir a la playa y a la piscina”, describe. El centro se encuentra en el distrito de Ciutat Vella (Barcelona), en el que conviven dos realidades brutalmente distintas: la masificación turística de los que vienen y van y las familias, muchas de ellas en situación de vulnerabilidad, que viven todo el año en él. Con sus actividades educativas y de ocio, la entidad ayuda a estos núcleos en riesgo o situación de pobreza a desarrollar habilidades para que sean más independientes, tengan las mismas oportunidades que los demás y lleguen a una integración real.Además, la Fundación atiende a los hijos de familias que no pueden mantenerlos en casa durante verano. Algunos, como Khalid, tienen problemas de conciliación de horarios; otros, hogares mal climatizados y hay gente que está viviendo en pensiones a las que solo pueden volver a partir de las ocho de la tarde, cuenta Itziar Olveira (29 años, A Coruña),una educadora social de la asociación. Todo, en una época del año en el que el calor supera cada año los registros previos: en Barcelona, y según el Observatori Fabra, el año pasado se llegó al récord de los 38,9 grados,Por ello, en la Fundación de la Esperanza también hacen pedagogía con las familias para que conozcan los refugios climáticos, fundamentales frente a las olas de calor. A su vez, el local mantiene un ambiente fresco. “Contamos con aire acondicionado y vamos a espacios donde ellos puedan tener sombra y mantenerse hidratados”, detalla la trabajadora. En la jornada de los campamentos urbanos, de nueve y media de la mañana a tres de mediodía, además de sus excursiones (al parque de atracciones, a alguna granja o a espacios naturales), les facilitan desayuno y comida basados en una dieta equilibrada. Un aspecto fundamental, ya que el cierre de comedores rompe las rutinas básicas de nutrición de los niños.Khalid llegó a la Fundación de la Esperanza por recomendación de una amiga y le ha supuesto un alivio: “Era muy difícil manejarlo todo, pero desde el primer momento me sentí muy acompañada. Puedo contarles mis problemas, me escuchan y siempre están aquí para ayudar”, explica sobre esta asociación, que cuenta con el apoyo de CaixaProinfancia, de la Fundación ”la Caixa”. Este programa ha puesto en marcha, un año más, una amplia oferta de actividades de verano, dirigidas a la infancia y la adolescencia en situación de vulnerabilidad social. La entidad prevé que 30.000 niños, niñas y adolescentes participen durante los meses de junio, julio y agosto en campamentos, colonias urbanas y centros abiertos gratuitos en todo el país. “Cada uno de mis hijos tiene un carácter diferente y aquí sé que están en buenas manos”, añade. El mayor tiene 15 años y la pequeña, ocho. Olveira resalta que su trabajo es compartido con los padres y continuado en el tiempo. Por eso, a lo largo del curso ofrecen refuerzo académico y adaptado. “Buscamos potenciar a los niños. Si hay que reforzar las Matemáticas, lo hacemos, pero si vemos que se les da bien la pintura, también lo fomentamos”, resalta. Khalid ha percibido un cambio en sus hijos que trasciende las notas: repercute en lo personal. “Eran muy tímidos y han podido hacer amigos”, apunta. Acompañar a personas motivadasSonia Clemente, una madrileña de 19 años que busca de empleo, llega ilusionada a Pinardi, ONG ubicada en la parroquia de Pan Bendito, en el distrito de Carabanchel: “Quiero dedicarme a la estética. Me encanta cuidarme y cuidar a los demás”. Allí ha quedado con Tamara Fernández, la técnica de empleo de esta asociación a la que llega a pie, pues se encuentra a un breve paseo del piso tutelado en el que vive. El propósito de Pinardi es promover la inserción laboral de jóvenes y colectivos desprotegidos a través de itinerarios personalizados de orientación, formación y acompañamiento. Para ello, cuenta con el apoyo del programa Incorpora de la Fundación “la Caixa”, que facilitó cerca de 40.000 contrataciones en España en 2025, entre ellas, más de 9.000 de personas jóvenes con dificultades para acceder al mercado laboral.Como técnica, Fernández (Leganés, Madrid, 36 años) reconoce que en esta época del año es más complicado el seguimiento con algunos usuarios que buscan empleo, aunque no percibe que haya menos vacantes: “Algunas son suplencias, pero sirven para aumentar la experiencia. Son buenas opciones para, por ejemplo, las personas que tienen que estudiar a lo largo del resto del año”. Sonia Clemente tuvo que apostar entre continuar trabajando en la hostelería o comenzar a cumplir su sueño de dedicarse a la estética. Optó por lo segundo: inició el curso en el que está ahora y en el que hace lo que más le motiva: limpieza y masajes faciales, exfoliación y rutinas de belleza... Tiene claro que quiere seguir formándose pero, para ello, busca un trabajo que le permita compatibilizar horarios: “Al principio busqué algo de media jornada, pero no me salió nada”, asegura. Por eso, desde Pinardi, Fernández la ayuda a encontrar ese empleo adaptado a sus necesidades, también durante el verano, sin interrupciones. “Además, no me cuesta adaptarme, soy espabilada... Siempre me han dicho que soy muy madura”, añade Clemente. Fernández lo secunda: “Las personas a las que ayudamos en la asociación, por las circunstancias de su vida, han madurado rápido. Todos comparten esa parte de responsabilidad”. El acompañamiento desde las asociaciones muchas veces se centra en encontrar esas fortalezas e impulsarlas. “Depende de las características de cada uno, de lo que quieran y de su nivel de compromiso, dejamos claro que nosotros somos una guía”, detalla Fernández que, en general, se encuentra con personas “muy motivadas”. Ellos solo les facilitan el camino hacia su propia independencia.Cambiar los marcos mentales El problema de no tener hogar no solo afecta a lo material; también a la manera de relacionarse con los entornos, como perciben desde BACstation, una iniciativa de BarcelonActua. La creadora del proyecto, Laia Serrano (Barcelona, 52 años), era consciente de esa soledad. Por eso, ayudan a que los afectados salgan de la situación “con empleo, formación y una red de apoyo”. Comenzaron dando hospedaje en un hostal vacío durante el confinamiento de 2020, como un punto de partida para acoger y acompañar a jóvenes migrantes en situación de calle. Con el apoyo de las Convocatorias de Proyectos Sociales de la Fundación ”la Caixa”, han atendido ya a casi 400 jóvenes entre 18 y 30 años. Llegan sin un círculo cercano y arman uno; consiguen integrarse en la sociedad.Los usuarios suelen permanecer en el programa alrededor de un año y medio, aunque puede variar según su proceso de regularización e inserción laboral. Hay en funcionamiento tres casas, una de ellas en el barrio de Vallcarca (donde conviven 14 jóvenes), muy cerca del Parc Güell, otra zona muy tensionada por el turismo y los contrastes socioeconómicos. En total, conviven entre esos espacios 47 personas. La propuesta de BACstation también les permite participar en otras actividades de la ciudad “no como migrantes, sino como un vecino más”, insiste Serrano.En los meses que vienen, el propósito es evitar que los usuarios pierdan el ritmo; por eso diseñaron actividades que combinan aprendizaje, convivencia y ocio, lideradas por las educadoras integradoras que están en las casas de acogida. Se han distribuido en siete cápsulas temáticas: refuerzo de catalán y castellano; formación sobre acceso a la vivienda; preparación para la búsqueda de empleo; acompañamiento emocional a jóvenes que empiezan a trabajar (y sienten la presión de ayudar económicamente a sus familias de origen); desarrollo personal y socioeducativo; trabajo sobre emancipación y promoción de hábitos saludables. “El verano es una oportunidad para mantenerles activos, cohesionar el grupo y movilizar a personas voluntarias que durante el año tienen menos tiempo para implicarse”, apuntala. Pero para que la integración sea real, es fundamental permear en la otra perspectiva, la de la sociedad. “Yo siempre digo que el racismo y la xenofobia vienen del desconocimiento y la ignorancia”, afirma Serrano. Explica que ellos se dan cuenta de gestos tan sutiles como que alguien coloque el bolso sobre la falda, para protegerlo, cuando le ven subir al vagón del metro. “Siempre les decimos que no es algo contra ellos, sino que al final es producto de marcos mentales. Trabajamos mucho en que no son solo víctimas, sino que pueden ser parte activa del cambio”.Por eso, para acercar la realidad de las personas migrantes a los vecinos, además de colaborar con otras entidades de los barrios, organizan una vez al mes una sesión de bienvenida para nuevos voluntarios. “Hay gente que llega ya sensibilizada, pero también hay personas con sesgos, y compartir experiencias con personas migrantes resulta muy transformador”, describe. Quieren acallar el prejuicio con un baño de realidad, una propuesta que, en verano, puede resultar muy refrescante.
Un verano que no asfixie a los más vulnerables
En los meses estivales, las personas y colectivos desfavorecidos sufren mayor riesgo de desprotección. Distintas entidades, apoyadas por Fundación ”la Caixa”, refuerzan en estas semanas su labor ofreciendo actividades de verano para niños de familias con pocos recursos o acompañamiento en la búsqueda de empleo para jóvenes en riesgo de exclusión






