Da la sensación de que los veranos son cada vez más largos y calurosos, y salir a la calle se vuelve todo un sacrificio. Durante el día el calor es intenso y durante la noche cuesta encontrar alivio incluso con las ventanas abiertas. Es cierto que, cuando eso ocurre, la playa suele ser la primera alternativa que aparece en la mente de muchos. Pero no es la única.
Hay pueblos de montaña ideales para dormir tapados aunque sea con una sábana fina, salir a pasear después de cenar sin sentir que el aire sigue caliente o aprovechar el día sin tener que refugiarse constantemente en interiores. No es que haga frío, ni mucho menos, pero el calor al menos no lo ocupa todo.
Repartidos entre Pirineos, Cordillera Cantábrica, Sistema Central o las montañas gallegas, estos pueblos tienen algo en común: altitud, agua, bosques, sombra o un microclima que ayuda a mantener las temperaturas a raya. Desde Sallent de Gállego hasta Riaño, pasando por O Cebreiro, Sotres o Espot, son destinos donde las tardes suelen ser más llevaderas y donde, cuando cae el sol, todavía hay noches que invitan a sacar una rebequita. Auténticos refugios climáticos.
Sallent de Gállego (Huesca)
Sallent de Gállego es uno de esos pueblos que parecen pensados para el verano. Situado en pleno Valle de Tena y a más de 1.300 metros de altitud, este rincón del Pirineo oscense combina montaña, agua y sombra para hacer que incluso en julio o agosto las temperaturas se vivan de otra manera. Durante el día rara vez se alcanzan registros extremos y, cuando cae el sol, el ambiente cambia lo suficiente como para volver a disfrutar de una cena al aire libre sin mirar constantemente el termómetro. A eso ayuda también la cercanía del embalse de Lanuza, que aporta una sensación de frescor muy agradecida.














