Javier del Pino (A vivir que son dos días , la Ser) explica que, el 18 de julio de 1936, la temperatura máxima en España fue de 27 grados. Ahora se superan los 40 grados en todo el país y apenas hemos llegado a San Fermín. Decimos “ola de calor”, pero se repite con tanta constancia que deberíamos quitarle la carga de excepcionalidad y convertirla en norma. Quizá porque debe resultar imposible hacer una guerra civil con 40 grados, las pulsiones fratricidas se trasladan, en formato recreativo, a los platós de televisión, que tienen aire acondicionado. La Sexta (Xplica ) y TVE (Malas lenguas Noche) compiten a ver quién tiene el guirigay guerracivilista más largo. La secuencia se repite: el teórico moderador (José Yélamo, Jesús Cintora) finge que riñe a sus colaboradores por hablar todos a la vez. Es un recurso clásico de la telebasura: mantener la atención del espectador a través de la discordia estridente y no de un debate inteligible.La excusa para alimentar la discusión es el pacto, en Andalucía, entre el PP, que presumía de moderación, y Vox, que impone el principio de prioridad nacional repitiendo que “los andaluces están hartos de ser siempre los últimos”. En este marasmo dialéctico, Javier Aroca se esfuerza heroicamente por mantener lo que, en su gran canción Homes i dones del cap dret , Quimi Portet denomina “maltrecha dignidad”.¿De verdad alguien cree que los guirigays fratricidas dan audiencia?La ola de calor también sirve para amenazar a los irresponsables y delincuentes forestales. En pleno incendio de Les Gavarres, Roger Escapa (El suplement , Catalunya Ràdio) entrevista a Jordi Roig, un vecino que ha visto cómo las llamas calcinaban su casa. Roig cuenta que los Mossos le recomendaron confinarse, pero que él no lo vio claro. “Si me hubiera confinado, me habría asado como un pollo a l’ast”. Es una verdad que hace pensar. En unas circunstancias tan difíciles como las de un incendio descontrolado, puede que abusemos de las consignas y, para atender la insaciable demanda de los medios y los departamentos de comunicación, se obliga a los técnicos (David Borrell, jefe de Bombers) y los políticos (la consellera Núria Parlón) a tener una presencia mediática extenuante, tanto para ellos como para nosotros.Barcelona atrae turistas en masa con citas como el Tour de FranciaMané Espinosa / PropiasTambién en El suplement, y hablando de las elecciones a la alcaldía de Barcelona, Elisenda Alamany (ERC) anuncia que “haremos una fantástica y maravillosa campaña”. También dice que es inadmisible que los barceloneses no se beneficien del aumento de turistas. “¡Si vienen, como mínimo que paguen!”, exclama subrayando el papel de ERC en el aumento de la tasa turística. Hasta ahora, sin embargo, no parece que las tasas disuadan demasiado; solo ayudan a pagar los gastos de la visita del Papa o de Le grand départ del Tour. Gracias a estos espectaculares y preciosos anuncios, Barcelona sigue atrayendo turistas en masa que convierten a los barceloneses en una población cada vez más maltrecha y menos digna.