El del calor en las aulas es un debate cíclico que vuelve con cada verano y no siempre acaba al irse de vacaciones. Durante los meses de julio y agosto, muchos centros educativos se transforman en campamentos urbanos pensados para los más pequeños, que huyen del bochorno mientras sus familias concilian fuera del calendario académico. Muchas plazas son públicas y las oferta directamente el Ayuntamiento de Madrid, pero algunos beneficiarios han denunciado las condiciones en las que se encontraron estos colegios públicos.
Buena parte de esas plazas son municipales y se ofertan a través del programa Madrid Camp, una iniciativa que gestiona el Área de Políticas Sociales, Familia e Igualdad y este verano ha lanzado unas 13.800 repartidas por distintos puntos de la capital. “En el colegio donde está mi hijo han bloqueado los ventiladores. Él tiene cinco años y no me cuenta mucho sobre las actividades que hacen, pero sí que la mayoría se desarrollan en las aulas”, asegura Guillermo, padre de un menor que ha entrado a uno de los campamentos en el distrito de Arganzuela, dentro del CEIP Tomás Bretón.
Madrid Camp está dirigida a menores de entre 3 y 12 años y se abre en períodos vacacionales como Navidad, Semana Santa o verano, con plazas que se obtienen por sorteo y rellenando antes un formulario. Como él, ahora otras familias se han hecho eco de la situación y han tratado de ponerse en contacto con el Ayuntamiento de Madrid, la dirección del colegio o la empresa privada que contrata a sus monitores. Hasta ahora, dicen haber recibido solo una respuesta de estos últimos. “Los ventiladores son propiedad del centro, y es el propio centro el que los ha bloqueado y no nos deja usarlos. No es nuestra decisión”, reza el mensaje que muestran las familias, enviado desde una dirección de correo asociada al CAI de Arganzuela (Centro de Atención a la Infancia).






