El calor, difícil de llevar en la calle, se coló este lunes en la primera jornada de debates del Congreso Mundial de Arquitectos de la UIA que se celebra en Barcelona. No el calor físico, porque con el aire acondicionado a tope, hacía un frío que pelaba en la quincena de salas habilitadas. Lo que se coló fueron preguntas y respuestas sobre qué pueden hacer (o dejar de hacer) los arquitectos ante el aumento de temperaturas que tiene achicharrada a buena parte de Europa. En distintas mesas, los profesionales recordaron que la construcción es responsable de casi el 40% de las emisiones, hicieron autocrítica y apostaron por reparar, restituir y reutilizar “radicalmente los edificios”, escuchar más al entorno, entender que hay que perder privilegios, pensar en el bien común, o renunciar a que las cosas sean tan bonitas. El premiado arquitecto Suizo que trabaja en Francia Philippe Rahm alertó: “Ya no estamos en un clima europeo, sino en el del sur de España o del norte de África: ya no pensamos en construir para Suiza, sino para Túnez”. Y recetó “diseñar con parámetros climáticos, porque se puede sobrevivir mejor aunque haya un colapso, si hay un apagón o la energía se encarece”. “La razón de ser de la arquitectura es también climática, para crear un microclima, protegernos del frío o calor” recordó Rahm al inicio de su intervención. Y al explicar sus proyectos lo primero que mostraba era un mapa de calor del edificio. Por ejemplo, contó que construyeron una guardería empezando por la cubierta, y a partir de las sombras que observaron en invierno y verano proyectaron la disposición de las estancias. Admirador de los toldos o persianas de Sevilla o de los musharabis de Túnez (los balcones celosía que protegen del viento y el sol), celebró las viviendas subterráneas del desierto o la refrigeración de edificios por evaporación. Mireia Luzárraga, de Takk, fue de las ponentes que defendió “pensar en las desigualdades” y “perder privilegios” y puso un ejemplo: “Estar aquí a veinte grados con aire acondicionado con el calor que hace en la calle”. Su despacho ha diseñado una casa por capas, como una caja dentro de otra, del que también mostró un mapa térmico, cuya fachada no tiene ventanas y el frío y el calor entran progresivamente, y que utiliza materiales como el corcho. Para el espacio público, sugiere “especies vegetales que regulen y trabajen mejor, aunque en invierno se pongan feas”.El chiringuito, un buen ejemploEl alemán Matthias Schuler, de Transsolar avisó de que “con temperaturas nocturnas que no enfrían y disparan la inercia térmica de las casas”, las soluciones aplicadas hasta hora “no funcionarán”. Y Javier García German, de Totem Arquitectos, llamó a la sobriedad y la “arquitectura normal” y elogió como construcción el chiringuito de playa (sombra, airecito y vistas). Y pidió “superar que los problemas arquitectónicos son económicos o técnicos, para integrarlos con ambición en las políticas”.Durante la primera jornada también hubo momentos para la autocrítica en clave de crisis ecosocial. “Los edificios acumulan materia que a la tierra le costó siglos producir”, dijeron los arquitectos de Design Earth, y añadieron que las previsiones apuntan a que “en 2050 se duplicará la construcción actual”. Eva Franch también avisó de que falta escuchar: “Lo importante es no hablar en nombre de nadie, tenemos que escuchar igual a los agricultores que políticos y activistas”.¿Hacia un urbanismo nocturno?En el Centro de Convenciones estaban también los arquitectos japoneses del despacho Bow-Wow, que están investigando sobre la viabilidad de un “urbanismo nocturno” en Tokio, donde chocan con reticencias económicas, de la administración y sociales. Por eso han investigado sobre otras ciudades calurosas donde se vive mucho de noche, como El Cairo, Rio de Janeiro o Bangkok, “que no siempre han vivido a un ritmo nocturno, no fueron planeadas así, sino por razones sobrevenidas y gracias a la tradición del Ramadán y el calor en verano; la combinación de la samba y las migraciones en Río; o también las migraciones y la llegada de las tropas americanas a Bangkok durante la Guerra de Vietnam”, explicaban los arquitectos Yoshiharu Tsukamoto, Momoyo Kaijima y su investigadora Abir Ezzedine. En El Cairo, explicaban, en los meses de más calor o en Ramadán se trabaja a primera hora del día y tras un largo descanso, la ciudad despierta de nuevo por la noche. En Río, la playa de Copacabana es segura de noche y hay movimiento gracias a potentes luces, como de campo de fútbol. Y en Bangkok la flexibilidad que da moverse en barco por el río o en tuk-tuk por tierra facilita que la ciudad apenas duerma. En Tokio, en cambio, encuentran muchas “barreras”. “La gente vive en suburbios y utiliza el transporte público, que es muy eficiente, pero cierra cuando se acaba de trabajar. Es una ciudad orientada a los negocios y el cambio es muy difícil, también por el transporte ferroviario, muy rígido”. Los arquitectos de Bow-Wow, en cambio, ven las ciudades europeas perfectas para ir hacia un “urbanismo nocturno, porque son ciudades caminables y seguras, no tan grandes como Tokio”.
Los arquitectos avisan ante el cambio climático: “Ya no construimos para Suiza sino para Túnez”
Los profesionales reunidos en el Congreso Mundial en Barcelona recetan copiar soluciones del norte de África, perder privilegios o pensar en un “urbanismo nocturno”













