A los arquitectos les gusta más dibujar que escribir. Y con una breve pero contundente declaración han cerrado este jueves el Congreso Mundial de Arquitectos que durante cuatro días ha reunido a 10.000 profesionales en Barcelona en decenas de debates que han sumado 30.000 asistentes. La declaración resume bastante fielmente las cuestiones que se han puesto sobre la mesa: la necesidad de ser honestos en un futuro que pinta fatal, de tener en cuenta la huella y costes de la construcción o de ser conscientes de que no estamos solos en el mundo. “Ya no podemos ser antropocéntricos; no somos los únicos habitantes del planeta”, claman los profesionales, que también bajan a lo concreto y declaran que “el derecho a la vivienda no es negociable”. Con mirada global y autocrítica, los firmantes también advierten de que “los actos locales tienen consecuencias planetarias” y de que “cada acto de construcción conlleva consecuencias más allá de sus propias paredes”. Y finalmente, declaran que “la calidad y la belleza no son privilegios, sino lo que la profesión le debe a todos”. Una declaración que ha leído la presidenta del CSCAE, el consejo de colegios de arquitectos de España, Marta Vall-llossera y que acaba así: “La historia no preguntará qué diseñamos en Barcelona. Preguntará qué construimos”.La presidenta de la Unión Internacional de Arquitectos (UIA), Regina Gonthier ha cerrado el acto con un esponáneo y entusiasta discurso en el que ha agradecido a las administraciones haber declarado el congreso de interés general, y ha alabado el trabajo del equipo de “seis jóvenes comisarios” que han planeado un vasto programa con sesiones plenarias, debates y apenas conferencias individuales el Centro de Convenciones del Fòrum, y remate vespertina con una sesión abierta cada tarde a la sombra (literalmente) de la sala de turbinas de las Tres Chimeneas. El combo de comisarios son Pau Bajet, Maria Giramé, Maria Beneditto, Tomeu Ramis, Pau Sarquella y Carmen Torres, visiblemente contentos con la alabanza de la jefaza de la entidad que encargó el congreso a Barcelona. “Se me ha hecho corto, necesitaré tiempo para digerir lo que se ha dicho y las reflexiones que han surgido... ha sido excepcional, excepcional, fantástico, increíble”, ha celebrado Gonthier sobre un congreso “con mirada científica, pero también social”.El presidente honorífico del Congreso, Joan Busquets, ha recordado el congreso que Barcelona albergó en 1996, hace tres décadas, y ha celebrado que ahora “los nuevos desafíos” que plantean los arquitectos y urbanistas son “más compartidos” que entonces por la sociedad y la agenda de los medios de comunicación. Retos como el cambio climático, el calor, el agua, la huella de carbono, las desigualdades, el empleo de materiales sostenibles... Busquets ha defendido que “las soluciones no pueden ser genéricas y deben respetar las tradiciones locales y distintas formas de gobernanza”. El alcalde de Barcelona, ​​Jaume Collboni, ha aplaudido un congreso “inspirador, desafiante y comprometido con los retos de nuestra sociedad y del planeta en los próximos años” y se ha mostrado “orgulloso” de ua ciudad que lo acoge por segunda vez, la única urbe que ha sido sede del congreso dos veces. Collboni ha señalado: “Estamos en una transición entre un mundo antiguo que no ha muerto y un nuevo mundo que todavía no ha nacido y ustedes han participado estos días en la construcción de este nuevo mundo, un mundo mejor”, ha dicho a los profesionales. Y ha acabado dirigiéndose a los responsables de la ciudad que acogerá el próximo congreso dentro de tres años, Pekín: “Les seguiremos de cerca porque es de lo que se trata: aprender, comparir y mejorar todos juntos”.El ex decano del Colegio de Arquitectos de Cataluña y director del Congreso, Guim Costa (relevado semanas antes del evento tras las elecciones que ganó Sandra Bestraten) ha celebrado que el encuentro “ha superado todas las expectativas”. El acto de clausura ha finalizado con la cesión del testigo a Pekín.