Cuando amas, siempre quieres hacerlo otra vez. Y otra vez. Y otra vez. Porque todas son maravillosas, pero ninguna es perfecta. Vives impaciente, esperando la siguiente vez. Hacerlo mejor. Por eso, a los que aman, la vida se les pasa volando. Les parece insuficiente. Todo lo demás se vuelve secundario. Dios mío, dices, pero ¿esto puede durar? No estás enfermo, estás arrebatao. (Lo dejo en masculino, pero ustedes ya me entienden). Estás investigando. Inventas. Estás creativo. Eso, impaciente, creativo y arrebatao. Cuando amas, todo lo que se interpone a tu amor, te fastidia. Y a mí me fastidia Isabel Díaz Ayuso. Y a mis estudiantes del próximo curso, que aún no sé quiénes son, también. En junio estamos en la Universidad poniendo notas. Cuando pongo estas notas y vuelvo a hablar con quienes suspenden les comparto mi análisis de porqué creo que han suspendido. Conversando así me surgen ideas nuevas. Se las debo a las y los estudiantes. Quedo en deuda y agradecida. E impaciente, por probar esas ideas nuevas. En junio estamos también repartiendo las asignaturas para la docencia del próximo curso. Quiero leer la pila de cosas que tengo pendientes y ponerme a cerrar el artículo que tengo que entregar a final de julio. Quisiera cerrar un poco el capítulo “dar clases”. Pero no lo consigo. Evaluaciones, notas, revisiones, planes y proyectos para el curso próximo. Porque siempre quiero hacerlo otra vez. Y otra. Y otra. Porque todas son maravillosas, pero ninguna es perfecta. Creativa, impaciente, arrebatá. Dios mío, digo, pero ¿esto puede durar? La respuesta es no. No, porque se ha cruzado Isabel Diaz Ayuso. Ella en realidad no es nadie para impedir esto. Solo la marioneta útil que una concepción del mundo está utilizando para impedir que se repartan los derechos y los frutos de este planeta cansado de que lo explotemos. El rectorado “hizo unas paces” con el gobierno de la Comunidad de Madrid y de aquellas paces, estos recortes de personal. Todo indirecto. El rectorado marca una nueva aritmética de reparto de docencia que produce un resultado: que den más clases y se contrate a menos docentes. Vayámonos a escuchar qué se dice de esta medida en el mercado del chascarrillo de quienes lo hablan sin conocer la universidad. Se lo pueden imaginar: muy bien, que trabajen más (improperio), que están todo el día de vacaciones (otro improperio).El aumento de carga docente no consiste sin embargo en una asignatura completa, solo hay que impartir un cacho de asignatura más. En el chascarrillo, se pueden imaginar ustedes también la reacción: ¿Solo un cacho? (otro improperio) y se quejarán los muy (improperios varios). Y así lo estamos haciendo. Alguien coge un cacho de esta asignatura, y quien la impartía se va y coge un cacho de la otra. Efecto dominó. Ayuso impone la visión económica sobre la visión académica. Pero no, eso sería insultar a la economía, confundirla con monetarismoPongamos una de mis asignaturas como ejemplo. Narración audiovisual para estudiantes de Comunicación Audiovisual. Se desarrolla en 15 semanas, para grupos de alrededor de 60 personas. No tiene laboratorio, ni trabajo de campo, ni divisiones, el temario es compacto. No hay razón académica para dividir la tarea docente. Pero el próximo curso la impartiremos tres personas distintas. Dividiremos los temas, las actividades, la evaluación, el horario. Cada cuatro semanas las y los estudiantes disfrutarán del placer de tener que adaptarse a una persona nueva, distinta. Dinámica, estilo, planteamiento, posición epistemológica y ética seguramente también distintas. Tres de todo para una asignatura. Y quizá también para otras. No dará tiempo a aprenderse los nombres. Ni a que broten las preguntas. Ni de rectificar. Ni de revisitar ideas. Podríamos decir que el problema se resuelve fácilmente con un esfuerzo de coordinación entre nosotros tres. Y lo estamos haciendo, pero no hay coordinación que borre la diversidad de posiciones frente al conocimiento o de convicciones metodológicas. La universidad es precisamente el lugar en el que esa diversidad está en examen y discusión permanente. Podríamos decir: Ayuso impone la visión económica sobre la visión académica. Pero no, eso sería insultar a la economía, confundirla con monetarismo. Una economía administra un bien escaso, pero considera su función, su uso, su naturaleza. Lo comprende antes de administrarlo. No hay inteligencia económica en destruir el bien que se administra. Pero hay delito, si ese bien es un derecho. La aritmética de Ayuso con la universidad pública disfraza de economía el proceso de destrucción calculada de la vivencia académica para impedir que una gran mayoría pueda vivir esa experiencia.
Cuando amas y se te cruza Isabel Díaz Ayuso
Quisiera cerrar un poco el capítulo “dar clases”. Pero no lo consigo. Evaluaciones, notas, revisiones, planes y proyectos para el curso próximo












