Mayor�a selectasabemos con precisi�n qu� bienes amamos y s�lo queremos que nadie les haga da�oActualizado S�bado,

junio

22:37Cuando leemos una novela, cada nuevo cap�tulo nos incita a imaginar el final y a captar el significado del conjunto, mientras que este conjunto, anticipado mentalmente, ilumina nuestra comprensi�n del cap�tulo. Es el llamado c�rculo hermen�utico, ese ir y venir entre la parte y el todo caracter�stico de la primera lectura de un libro. En la segunda ya no sirve porque conocemos el final: sin el suspense del qu� pasar�, nos abandonamos a la serena delectaci�n de cada p�gina. Lo mismo ocurre con el libro de la vida: lo leemos por vez primera en la juventud tratando de adivinar el todo; cuando, decenios despu�s, entramos en la edad de su relectura, la vida ya no nos intriga y procuramos gozar cada hora. La existencia, sin la circularidad de antes, es m�s plana, pero tambi�n m�s clara: sabemos con precisi�n qu� bienes amamos y s�lo queremos que nadie les haga da�o.