Juanma Moreno marca distancias con el resto de los presidentes autonómicos del PP que validaron el acuerdo de gobierno con Vox en sus discursos de investidura. Las negociaciones continúan a puerta cerrada para alcanzar un punto de encuentro que valide durante los próximos cuatro años un ejecutivo que permita, cuanto antes, aprobar los presupuestos autonómicos, según reclamaba repetidamente este lunes el líder de andaluces. No pronunció ‘prioridad nacional’, como hizo su homóloga en Extremadura, pero tampoco dio pie a relacionar inmigración e inseguridad, evitando el gesto a la ultraderecha. Una de cal y otra de arena con el objetivo de que la ‘vía andaluza’ recoja lo perdido tras no renovar la mayoría absoluta en las elecciones del 17M y que volverá a ser el camino marcado de cara a las generales, como bastión de Núñez Feijóo y guiño a las municipales.
Es más, las palabras más duras del discurso de investidura de Moreno no tuvieron otra diana que la oposición y el Gobierno de Pedro Sánchez. A las izquierdas las acusó de ni siquiera haber intentado, aunque bien lo sabía, recabar apoyos ante los resultados de unos comicios que él mismo “no quería” y, de alguna forma, obligarlo a tender la mano a sus contrincantes más directos. Pero la ‘vía andaluza’ se toma sus tiempos y, a pesar de que Moreno escenificó un distanciamiento ideológico y gestor de Vox, en el Parlamento andaluz quedaron el consejero Antonio Sanz y el secretario general del PP-A, Antonio Repullo, tratando de reconducir las negociaciones en la tarde del lunes.












