Ya estamos en verano, esa época del año en la que los niños no tienen colegio y los padres no sabemos cómo demonios montárnoslo para conciliar. Las vacaciones no cuadran: los menores tienen tres meses de descanso y los mayores, de media, un par de semanas. Las otras dos que completan el mes anual de asueto ya se han ido entre Navidad, Semana Santa y los trescientos puentes que tiene nuestro país.Así que toca trabajar y buscar campamentos urbanos de esos que te sacan los ojos, porque en los públicos vuelan las cuatro plazas que hay. Otra opción es contratar a alguien que te cuide a tus hijos mientras tú estás trabajando para pagar a alguien que cuide a tus hijos. Un negocio redondo. Y luego está la opción por la que tiran la mayoría de padres currantes: los abuelos. Según una encuesta de la Fundación VivoFácil, hasta el 60% de las familias españolas recurre a los mayores para el cuidado de los niños durante las vacaciones. Según otra investigación de la Fundación de mis amigos, vecinos y conocidos –sin validez científica alguna– no conozco a ni uno que no llame a sus padres en verano para buscar cobertura con los niños. Yo incluido, vamos.La cosa es que los abuelos de nuestros hijos antes fueron nuestros padres. Ya se comieron un montón de veranos persiguiéndonos por la piscina, organizando nuestras interminables vacaciones y haciendo malabares para cuidarnos. Después de toda una vida trabajando y sacando hijos adelante, lo que toca es una jubilación que al fin te permita organizarte el tiempo como quieres. Pero ahora que trabajamos padres y madres la tercera edad llega con una segunda vida laboral veraniega de cuidado de nietos... El mercado laboral ya da por hecho que los mayores absorberán ese agujero en la conciliación del que, por lo que sea, no he escuchado hablar estos días a la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz. Pues yo no quiero que mis hijos se pasen el verano con sus abuelos porque no quede otra opción. Quiero poder cuidarles yo y que sus abuelos se centren en disfrutarlos. Y también quiero poder cuidarles a ellos cuando lo necesiten.El mercado laboral ya da por hecho que los mayores absorberán ese agujero en la conciliaciónSomos la generación sándwich a la que se nos han juntando los hijos pequeños y los padres mayores. Hemos retrasado la paternidad hasta pasados los cuarenta, pensando que todo se podía encajar después, y no. El retraso vital tiene consecuencias. Para nosotros, para nuestros hijos y para nuestros padres a los que les toca cuidar hasta la tumba. Los abuelos no pueden absorber las debilidades de la conciliación de nuestro país. La generación anterior no puede sostener lo que la nueva no consigue cubrir. Eso es lo contrario del progresismo del que tanto alardea este país. Hay que ordenar las prioridades del mundo laboral y social. El cuidado no puede ser un asunto privado con el que cada familia se apaña como puede. Debe ser una responsabilidad colectiva, en verano y todo el año.
Los abuelos no tienen por qué cuidar de tus hijos
En verano un 60% de familias dejan a los niños con los abuelos para poder trabajar.
El 60% de familias delega cuidado infantil a abuelos en verano, trasladando el problema de conciliación que el mercado laboral ignora. Sin políticas colectivas, jubilados se convierten en fuerza laboral invisible, exponiendo la crisis de bienestar para la generación sándwich.













