Más allá de intentar ocupar todas sus horas, es importante devolverles a los menores el derecho al descanso, a la desconexión y a la sencillez de las vivencias propias de esta época del año El contacto con la naturaleza y las actividades al aire libre son algunas de las experiencias más enriquecedoras del verano infantil.South_agency (Getty Images)Con el fin del curso llega el dilema de cada año: ¿son muchas las vacaciones que tienen los niños en verano? ¿qué hacer con tanto tiempo libre? ¿es momento de repasar lo aprendido? Estas preguntas resuenan en miles de hogares. La realidad es que la conciliación se hace muy complicada en este momento del año, porque mientras los niños tienen más de dos meses de vacaciones, la mayoría de adultos no llega a más de 15 días seguidos. Por lo tanto, se hace imposible organizar estas fechas sin recurrir a otros cuidadores, a nuevas actividades o a malabarismos logísticos y familiares. Así, muchos niños viajarán al pueblo con los abuelos, otros irán de campamento y otros iniciarán alguna actividad hasta que sus progenitores tengan vacaciones y puedan estar con ellos a tiempo completo. El verano, en lugar de ser una época para bajar el nivel de exigencia, se convierte para muchas familias en un momento de agobio por la falta de recursos y facilidades para organizar una rutina que responda a las necesidades tanto de los menores como de los adultos. Sin embargo, después de un curso escolar lleno de tareas, horarios y obligaciones, estos meses son el escenario perfecto para que los niños se permitan, por fin, parar.Existen ciertos aspectos fundamentales que los menores necesitan experimentar durante estos meses de descanso para poder recargar sus pilas y desconectar:Olvidarse del reloj. Esto no quiere decir que no haya normas ni límites, o que no haya que seguir ciertas rutinas básicas tales como cumplir con las comidas del día, las horas de sueño y el descanso. Lo verdaderamente importante en este periodo es poder ser más flexibles, permitiendo que los días fluyan sin necesidad de cumplir con unos horarios estrictos y llenos de estrés o control que repliquen la rigidez del calendario escolar.Dar espacio al juego. La principal herramienta de aprendizaje de los niños es el juego. Sin embargo, en muchos casos, a lo largo del curso escolar —dadas las rutinas llenas de tareas y actividades, la exigencia curricular y otros aspectos—, se deja para lo último el tiempo de juego. Jugar en casa, al aire libre, en la piscina o en la naturaleza ofrece multitud de beneficios no solo para el menor, sino también para los adultos que le acompañan, fortaleciendo los vínculos afectivos.Necesidad de parar. Es fundamental aprender a parar. Los menores no necesitan tener la agenda llena de planes y actividades programadas a cada hora. Es fundamental entender que los entornos sobreestimulados y llenos de exigencias constantes no son beneficiosos para el desarrollo en ninguna etapa de la vida, pero lo son menos aún durante la infancia, cuando el cerebro requiere de calma para procesar las vivencias. De estos tiempos de calma, surgen grandes ideas e iniciativas.Aprender a aburrirse. El aburrimiento se contempla muchas veces como una cuestión negativa cuando es un estado necesario para el ser humano. Aburrirse fomenta el razonamiento, la creatividad, la imaginación y el pensamiento crítico. Cuando no se les da todo hecho, los menores se ven obligados a divagar sobre las cosas, a pensar y a resurgir con nuevas ideas ingeniosas para entretenerse.Practicar nuevas habilidades. El verano ofrece el marco ideal para fomentar deportes o actividades que durante el curso no son posibles por cuestiones de tiempo, espacio o clima. Es la oportunidad perfecta para iniciarse en la natación, el buceo, el senderismo, los juegos de pelota al aire libre o cualquier otra disciplina directamente relacionada con el disfrute de la naturaleza.Hacer nuevos amigos. Al encontrarse en un entorno nuevo, como puede ser un campamento de verano o la localidad donde se va de vacaciones, los niños pueden potenciar enormemente sus habilidades sociales. Este cambio les ayuda a abrir su núcleo cercano, aprendiendo a socializar con otros iguales y poniendo en práctica herramientas de empatía y asertividad.Poner en práctica lo aprendido en el aula en la vida real. Durante el curso escolar se adquieren muchos aprendizajes teóricos y académicos. El verano se presenta como el momento idóneo para hacerlos funcionales en el día a día. Manejar dinero en la tienda, calcular distancias o leer las señales de un entorno nuevo son formas perfectas de consolidar los objetivos de manera práctica.Ver las estrellas y la Luna. Algo tan sencillo como echarse en el suelo y contemplar la naturaleza puede ser transformador. Mirar al cielo permite a los menores aprender sobre fenómenos y conceptos que en otros momentos del año no les es posible abordar, ya sea por la falta de tiempo o por las limitaciones del propio entorno en el que residen habitualmente.Comer en familia sin prisa. Las vacaciones permiten disfrutar de las comidas saboreándolas, sin la presión de pensar en el horario ni la necesidad de salir corriendo hacia la siguiente actividad. Sentarse juntos ofrece un valioso espacio para dialogar, escucharse y aprender a valorar lo cotidiano. No se trata solo de comer sin prisa, sino de vivir sin prisa.Potenciar la inteligencia emocional. Este es un momento idóneo para crecer a nivel emocional. La reducción de la prisa diaria facilita el hablar de las emociones, ponerlas sobre la mesa, validarlas, darles nombre, acompañarlas y aprender a gestionarlas correctamente en un ambiente seguro y relajado.Hacer un plan especial. Quizás no sea algo viable a diario, pero sí es muy beneficioso programar dos o tres planes especiales a lo largo del verano. En estos encuentros debe primar el tiempo compartido, idealmente de manera exclusiva con cada hijo. Al realizar una actividad que le guste especialmente al menor, este se sentirá protagonista absoluto, lo que trabajará de forma directa su autoestima y su sentido de pertenencia.En definitiva, las vacaciones escolares no deberían transformarse en una carrera por mantener a los niños ocupados a toda costa. Aunque la conciliación laboral sea un reto evidente para los adultos, el bienestar de los hijos pasa por devolverles el derecho al descanso, a la desconexión y a la sencillez de las vivencias propias de esta época del año.Archivado EnNiñosPadresMadresHijosParentescoFamiliaInfanciaSociedadNiñasCrianza hijosPaternidadMaternidadVeranoVacacionesVacaciones escolaresComidas diariasAprendizajeEmociones