Las vacaciones de verano llegan para alivio de los niños, ya agotados a estas alturas de curso, y estrés de algunos padres que se enfrentan a un desafío logístico. ¿Cómo compatibilizar el trabajo con el cuidado de los pequeños?

“Esa angustia nos la transmiten las familias continuamente, cada verano: ¿qué voy a hacer ahora después de estar todo el curso perfectamente cuadrado con las extraescolares, con los horarios ampliados, con nuestro trabajo y ahora es volver a configurar el puzle?”, reconoce Patricia Sousa, educadora y coordinadora de la red de escuelas infantiles Kidsco.

“Uno de los mayores errores es que esa angustia les lleva a intentar cubrir los horarios de los niños, es decir, a intentar ocuparlos en el horario laboral”, señala Sousa, que destaca que esa necesidad logística puede llevarnos a olvidar que los niños han terminado una etapa de gran desgaste psicológico y físico, y necesitan descansar.

“Para los niños ese tiempo son vacaciones, y las necesitan, pero muchas veces se opta por prolongar el mismo ritmo que llevaban cuando iban al colegio”, asegura la educadora infantil, que advierte de que enlazar campamentos urbanos significa correr el riesgo de que los pequeños lleguen exhaustos a septiembre.