Juliana Leao-Coelho |

Madrid (EFE).- El Patronato de Protección a la Mujer (1941-1985), creado por el franquismo para tratar de controlar la moralidad femenina y que recluyó a miles de jóvenes consideradas rebeldes o «desviadas» en reformatorios gestionados por congregaciones religiosas en toda España, enviaba también a las lesbianas a psiquiátricos donde recibían electrochoques y terapias con insulina.

Este aparato de control moral «castigaba la disidencia respecto al modelo de mujer sumisa y decente, vinculada al hogar. Quien se salía del molde era susceptible de entrar por denuncia externa», de una autoridad, un particular o un familiar, según la historiadora Carmen Guillén, autora del libro ‘Redimir y adoctrinar: el Patronato de Protección a la mujer’, ya en su cuarta edición.

Placa conmemorativa en el parque frente al edificio del Patronato de Protección a la Mujer. EFE/Carmen Guillén

El «silencio, oración y trabajo forzado» en talleres marcaban la cotidianidad durante periodos de internamiento de «entre seis meses y dos años», y hasta seis años cuando se fugaban y eran capturadas de nuevo.