La primera vez que Iván León acudió a una supuesta terapeuta fue por recomendación del sacerdote de su parroquia. Acababa de pasar de 1º a 2º de Bachillerato y atravesaba una etapa difícil: en casa las cosas no estaban del todo bien, su padre estaba en paro y a él le atravesaban las dudas sobre su futuro. Nunca había ido al psicólogo, así que cuando le dijeron que aquella persona podría ayudarle, le pareció bien. Lo que se encontró, sin embargo, no fue ninguna conversación a cerca de lo que le ocurría. La primera pregunta que le hizo la mujer es si salía con chicas, quiénes eran sus amigos o si hacía deporte.

Aquellas no eran preguntas inocuas. “Todo fue girando poco a poco hacia el porno, la masturbación, en si pensaba en chicos o chicas cuando lo hacía... Yo lo que supuestamente tenía que hacer era desarrollar mi masculinidad, que estaba dormida y por eso era inseguro. Me decía que tenía que hacer cosas de hombres. Nada de eso se sostenía, pero en aquel momento yo no lo vi”, cuenta Iván varios años después sobre lo que hoy sí nombra como “terapia de conversión” para personas LGTBI. En su caso, aquello se hacía llamar “itinerario” religioso y fue impartido en el Obispado de Alcalá de Henares (Madrid) bajo la dirección del polémico José Antonio Reig Plá.