Manuel Moguer I Sevilla, (EFE).- La copla y el colectivo LGTBiQ+ sellan su romance en el Orgullo. Hace cien años, Concha Piquer se arreglaba en su camerino de un teatro de Sevilla cuando el letrista y aristócrata Rafael de León entró en el cuarto y le preguntó: «¿Es usted Conchita Piquer?», a lo que ella respondió veloz: «¿Es usted maricón?».

El episodio no acabó en pelea, sino que ambos se hicieron amigos y pasaron la vida juntos «como hermanas», contó la folclórica décadas después a un periodista de El País.

La investigadora y doctora por la Universidad de Murcia Lidia García explica que la relación entre «lo mariquita y la copla» está en las características del género musical. García, cuya tesis doctoral trata sobre la relación entre el folclor español y la comunidad LGTBiQ+, señala que las batas de colas y el colectivo casan tan bien porque la copla «tiene en la pasión un elemento central de las historias que cuentan, habla de un tipo muy determinado de romances».

Son amores clandestinos, «abocados al fracaso», resume García, que la sociedad no comprende. El paralelismo con un romance LGTBiQ+, tantos años perseguido, es claro: «Era casi imposible que la copla no apelara a las personas que no podían tener acceso a un romance público».