Luan Maestre tiene 20 años. Es un joven transexual no binario que recuerda, todavía emocionado, cómo pasó de sentir que no encajaba en la sociedad hasta, al fin, dar con una comunidad que le apreciaba. Sucedió hace cuatro años, en su instituto, durante la visita de una educadora social de la asociación LGTBI+ de las Illes Balears, Ben Amics. “Aquello me marcó muchísimo, porque después contacté con ella y me ofreció participar en un grupo donde empecé a hacer amistades”, cuenta. “Desde entonces me abrí más a un movimiento que antes no sentía como algo propio”, explica, como uno de los más de cuarenta voluntarios de la entidad que están terminando de cerrar los últimos detalles de este Orgullo.

Sin embargo, Maestre percibe este año un cambio profundo en el modo en que se vive esta reivindicación en la ciudad, un giro que, a su juicio, no puede separarse del conflicto institucional en torno a su organización. “El año pasado hice voluntariado ayudando a organizar la manifestación, las mesas informativas y después la verbena. Este año hemos tenido que juntarnos más porque se nos ha apartado de una parte de todo aquello que reivindicamos”, relata. “La gente está muy enfadada, con muchas ganas de cambiar las cosas y de movilizarse”, añade.