“Me casé el 30 de marzo de 2012 con mi novia, María José. Sabía que iba a ser una boda pequeña, de hermanos, primos y amigos en un juzgado de Ciudad Real. Y sabía que mis padres no iban a venir”.
Esta es, ante todo, la historia de Catalina Roldán (Ciudad Real, 47 años), que decidió casarse con su novia, María José Fernández, porque temían no poder hacerlo luego, porque el PP había vuelto al poder, y entonces el partido tenía todo un historial. “Nos dijimos: ‘Las cosas se están poniendo feas”. Roldán conocía bien el poder de la homofobia incentivada por la política. A sus propios padres, personas conservadoras (“peperos, sí, pero no de Vox”) que apenas conocían a gente homosexual, les había costado aceptar la vida que llevaba su hija. Hoy lo hacen. A su hija, a su esposa y a la nieta que ese matrimonio les ha dado. La historia es
“Hasta mis padres te dirían ahora que los medios y los políticos exageraban”.
En enero de 2005, el Consejo General del Poder Judicial emitió un informe alertando de las apocalípticas consecuencias que acarreaba el nuevo proyecto de ley del Gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero, por el cual la definición legal de matrimonio incluiría a parejas homosexuales. “Es un cambio radical, como lo sería llamar matrimonio a la unión de más de dos personas o la unión entre un hombre y un animal”, se leía.







