Después de una fuerte discusión con su madre, Marta Vaquero decidió hacer las maletas y salir de casa. “No era la primera vez que teníamos una pelea. En otras ocasiones, al volver a casa me había encontrado con la cerradura cambiada, sin poder entrar, así que opté por irme yo”, cuenta esta madrileña de 26 años sentada en un banco de un parque de Pozuelo de Alarcón. Vaquero, que se declara lesbiana, señala que se debió a su condición sexual. Cuando acudió a casa de su padre, no la acogió. Fue en agosto de 2020, con muchas restricciones de la pandemia todavía vigentes. Vaquero no durmió en la calle ningún día, pero ha estado en una situación de sinhogarismo, que no implica necesariamente estar en la calle, sino que solo quede el recurso de vivir en casas de amistades o parientes de manera provisional.

El caso de Vaquero es el que destaca el último informe anual de la Mesa Técnica de Atención a personas LGTBIQ+ en riesgo de exclusión social de Madrid (Maper), que recoge los datos de 2024, el más reciente y que refleja “la situación de doble invisibilización a la que se ven expuestas las mujeres lesbianas y bisexuales que se encuentran en una situación de sinhogarismo”.

“No solo su identidad de género las relega a un segundo plano sino que, además, el hecho de pertenecer a una minoría debido a su orientación del deseo agrava su exclusión. Esto no solo se refleja en la escasez de estudios centrados en esta problemática, sino también en la ausencia de modelos de actuación e intervención específicos para esta parte del colectivo LGTBIQ+”, se lee en el texto.