El primer cruceQuien no supo oler la corrupci�n cuando la ten�a al lado dif�cilmente puede encabezar la operaci�n de limpiezaEl presidente del Gobierno, Pedro S�nchez, en el Congreso.EFEActualizado Mi�rcoles,

junio

23:54Audio generado con IAEl argumento del PSOE y de sus socios es conocido: la falta de presupuestos y los casos de corrupci�n son problem�ticos, pero una convocatoria electoral abrir�a la puerta a una mayor�a absoluta de PP y Vox. Admitamos esta premisa. Admitamos incluso que la llegada al poder de las derechas constituye un riesgo pol�tico de primer orden. �Acaso eso implica que todo deba seguir igual? Conviene subrayar que una cosa es defender la continuidad de la legislatura y otra identificarla con la continuidad de Pedro S�nchez.Tras la condena de Jos� Luis �balos y las inevitables exigencias de responsabilidades a quien le abri� las puertas del Peugeot, del partido y del Estado, la respuesta ha sido la misma: hay que resistir, porque la alternativa son Feij�o y Abascal. En resumen: S�nchez no puede asumir responsabilidades pol�ticas porque eso acelerar�a la llegada de la extrema derecha. Y ante este falso dilema, el PSOE y sus socios avalan su continuidad.Pero seg�n la Constituci�n, la ca�da del presidente no implica la ca�da de la legislatura. Si S�nchez asumiera su responsabilidad pol�tica dimitiendo, el Gobierno cesar�a, quedar�a en funciones y el vicepresidente primero, Carlos Cuerpo, ejercer�a las funciones de jefe de gobierno. A partir de ah�, se abrir�a un proceso de investidura para articular una mayor�a en torno a Cuerpo o a cualquier otro candidato, cosa que no deber�a ser dif�cil si la prioridad es preservar la mayor�a progresista.Esta ser�a una salida coherente: S�nchez asume la responsabilidad pol�tica y la coalici�n progresista permanece en el poder. Se evitar�a una convocatoria electoral inmediata y el Gobierno dispondr�a de un a�o para reconstruir su credibilidad con un liderazgo distinto.Es m�s, si aceptamos que una parte del crecimiento de la extrema derecha est� motivado por el rechazo que suscita la figura de S�nchez, la sustituci�n del presidente ser�a la respuesta l�gica. Con su dimisi�n retirar�a del tablero la pieza que m�s moviliza al adversario sin alterar la mayor�a parlamentaria que sostiene al Gobierno.La pregunta no es si debe continuar la legislatura. La pregunta es por qu� quienes defienden su continuidad son incapaces de imaginarla bajo otro liderazgo. Si de verdad creen que el objetivo prioritario es impedir la llegada de la extrema derecha, deber�an preguntarse si el principal obst�culo para lograrlo no es precisamente S�nchez. Tambi�n para la regeneraci�n: quien no supo oler la corrupci�n cuando la ten�a al lado dif�cilmente puede encabezar la operaci�n de limpieza.