El Comité Federal del PSOE dejó claras dos cuestiones muy relevantes para el devenir de este agónico final de la legislatura. La primera, clave en un momento de máxima presión por los escándalos de corrupción, es que Pedro Sánchez puede tomar la decisión de la convocatoria electoral con total libertad, porque carece por completo de algo que se pueda llamar oposición interna. Y la segunda, que no tiene ninguna intención de adelantar las elecciones en 2026, aunque sí demostró en su discurso que ya está enfocado a la larga campaña electoral para unos comicios en 2027 que algunos en el Gobierno apuntan hacia marzo, antes de las autonómicas y municipales de mayo.La soledad de Emiliano García-Page, que insistió en que fue un error no adelantar las elecciones en 2025, cuando estalló el caso Cerdán, fue muy evidente. Al final del Comité Federal, un Sánchez ya muy consciente del dominio absoluto que tiene sobre el partido, que quedó en evidencia desde el primer momento con un largo aplauso en pie a pesar de todos los escándalos, lanzó un mensaje muy claro: “Los que piden elecciones ya son los que no quisieron que gobernáramos en 2015, ni moción de censura en 2017, ni que pactáramos en 2023”.Esto es, cualquiera que, como Page, reclame adelanto electoral, se está sumando a los intereses de la derecha. Sánchez sigue confiando en mejorar sus expectativas electorales en los próximos meses, y cree que con el tiempo podrá elegir un momento más adecuado en 2027 para intentar que la derecha no arrase, que es lo que ahora mismo prevén las encuestas.Hasta entonces, el Gobierno juega a dos bandas. Por un lado, Sánchez ya parece en campaña, y empieza a construir su oferta electoral y el eje de su discurso, que ya apuntó este sábado en el Comité Federal. Y por otro, el presidente y el Gobierno se están esforzando por llenar de contenido este final de legislatura, aunque cada vez es más difícil por el no a casi todo de Junts, que limita mucho las posibilidades de aprobar reformas relevantes.En ese empeño, los Presupuestos, con todos su trámites legales, son decisivos para dotar de contenido a estos últimos meses y convertirlos en una plataforma electoral si, como todo parece indicar, decaen. Pero no estarán solos. Este lunes habrá un decreto muy relevante de prórroga de las medidas para paliar los efectos de la guerra, también está semana se sabrán las cifras definitivas de la regularización extraordinaria, otro hito de este último año de legislatura, y a finales de julio Arcadi España, el ministro de Hacienda, reunirá el Consejo de Política Fiscal y Financiera para impulsar la reforma de la financiación autonómica.El gran problema para casi todo sigue siendo Junts. En el Gobierno están desconcertados con sus movimientos, porque son capaces en una misma semana de salirse en una votación en el Senado sobre una petición de dimisión de Sánchez, votar a favor de lo mismo en el Congreso, y en el mismo día tumbar una inversión de 1.000 millones que beneficiaría a Cataluña y abstenerse para que salgan adelante otras medidas. Nadie en el Ejecutivo le encuentra lógica, pero en La Moncloa confían en que cuando el 16 de julio el Tribunal de Justicia de la Unión Europea avale la ley de amnistía y abra la puerta al regreso a Cataluña de Carles Puigdemont, que el Tribunal Constitucional debería rematar en octubre, haya una reflexión en Junts para abrir un canal de negociación o algo similar.Con esta incógnita de Junts, el final de legislatura se antoja agónico y sin certezas, pero lo que sí está cada vez más claro es que el presidente está preparando toda la maquinaria para las elecciones, aunque según insiste serán en 2027. Sánchez ya marcó en el Comité Federal lo que empieza a ser un discurso de campaña electoral. El eje está bastante claro: reivindicar los ocho años de Gobierno, los datos de crecimiento, la mejora del país en varias cifras objetivas y relevantes, y alertar de todo lo que se puede perder si llega la derecha al poder. Y también tratar de acumular todo el voto de la izquierda en el PSOE para intentar el sueño de ser el primer partido, algo que hace unos meses parecía al alcance de la mano y ahora, tras el enorme desgaste de los últimos escándalos —especialmente los casos Zapatero y Leire, además de la condena a 24 años a José Luis Ábalos—, parece mucho más lejos.Sánchez trata de levantar el ánimo de los suyos con la idea de que seguirán en La Moncloa en 2030. “Podemos mirar con orgullo todo lo que hemos conseguido. Pero lo que de verdad importa es mirar hacia adelante con ambición. Nuestro proyecto mira más allá de 2027, para culminar una transformación sin precedentes para la España de 2030″, dijo en el Comité Federal. El presidente ya habla casi como si las elecciones estuvieran cerca, aunque insiste en que no las va a adelantar a 2026. Además ya ha pactado con el PNV que no habrá superdomingo, con lo cual se ha quitado esa presión de los nacionalistas vascos. Ni su partido ni sus socios importantes le aprietan de verdad para un adelanto electoral —nadie en el Gobierno cree que Junts quiera en serio ir a elecciones porque no le conviene en este momento—, con lo cual él puede tomar con cierta libertad esa decisión estratégica.“Vemos una España en 2030 con 80% de electricidad de fuentes renovables, con educación pública gratuita de 0 a 3 años, con vivienda pública, que consolidará el gasto público en protección social, erradicará listas de espera de dependencia. La España de 2030 seguirá trabajando en igualdad, se dedicará a abolir la infamia que es la prostitución”, dijo Sánchez ya con tono de programa electoral.Sánchez intentará repetir el esquema de 2023 y movilizar a la izquierda con el miedo a la derecha y ultraderecha, ahora mucho más fuerte que entonces y además gobernando en buena parte de América y Europa. “Vosotros sabéis lo que recortan el PP y Vox”, le dijo a sus dirigentes regionales, casi todos en la oposición. “Esa es su propuesta para España. Aspiran a derogar todos los derechos, servicios públicos, y solo el PSOE puede frenarlos. Ahora abrimos el proceso de primarias. Damos la palabra a la militancia. Desde hoy, todos a una, salimos a ganar, salimos a gobernar. Para millones de personas somos un refugio; este partido es su único baluarte y este Gobierno su mejor defensa. Debemos ser conscientes de lo que está en juego. La derecha y la ultraderecha vuelven a cargar para liquidar derechos y libertades”. Esa idea de que solo el PSOE puede frenar a la ultraderecha ya es un ensayo de campaña de voto útil para acumular todo el voto, también el de sus aliados de Sumar, que aún no han definido ni su candidato ni su aparato electoral.¿Y la corrupción? Sánchez divide en tres los bloques, e insiste en que ya no pueden hacer nada más porque han hecho lo que estaba en su mano. El primero es el gran caso Ábalos-Cerdán-Koldo-Leire, que Sánchez agrupa como un gran escándalo con varias derivadas. Ahí ya se ha expulsado a todos, y si hay más se hará también. “Limpiaremos lo que haya que limpiar pero seguiremos gobernando”, sentencia. El segundo bloque es el caso Zapatero, en que él defiende de forma clara al presidente y critica la filtración de sus datos personales. Y por último los casos que afectan a su familia, en lo que cree que no hay nada y pide “a la justicia que sea justa”. Sánchez se pone así ya en la siguiente etapa y trata de salir del agujero de la corrupción. El presidente trató de convencer a los suyos de que hay que superar los escándalos para empezar a hablar de gestión. Pero si algo han demostrado las últimas semanas es que Sánchez no controla ya la agenda política, y son los jueces, los fiscales y sobre todo la UCO y la UDEF quienes la marcan.
Sánchez ya está en campaña
Casi sin oposición interna, el presidente rechaza el adelanto electoral en 2026 y prepara los ejes de la gran batalla de 2027 para superar la corrupción















