El pleno de este miércoles en el Congreso fue completamente diferente al de hace un año. Entonces, en julio de 2025, Pedro Sánchez también compareció bajo asedio político de la oposición por un grave escándalo de corrupción, el caso Cerdán. Pero logró salir victorioso o al menos lograr una clara prórroga política. El presidente hizo varios anuncios de un paquete de medidas anticorrupción que le permitieron ofrecer la imagen de que, pese a las dificultades, sus socios le seguirían apoyando para acabar la legislatura. Pero después vino la ruptura de Junts, la distancia cada vez mayor de Podemos, algunas tensiones con el PNV y, poco a poco, la mayoría se ha hecho cada vez más inestable, en ocasiones inexistente. Y, este miércoles, Sánchez no planteó ya medidas —no tendría votos ni tiempo para aprobarlas— y mostró una distancia cada vez mayor con los socios que él mismo dijo que es normal porque llega el final de la legislatura y las elecciones empiezan a estar en el horizonte. “Muchos socios creen que podemos convocar en cualquier momento, es normal que se distancien”, resumía un ministro después de una sesión en la que se vio a Sánchez cada vez más solo, aunque tampoco hay una mayoría alternativa para tumbarlo.El presidente y su equipo están diseñando ya los últimos cartuchos políticos para mantener viva la legislatura antes de tomar la decisión de convocar elecciones. Si mantiene sus palabras, en realidad aún quedan muchos meses, porque él ha garantizado que las elecciones serán en 2027, aunque no aclara si antes o después de las autonómicas de mayo. Si fueran antes, en marzo por ejemplo, aún quedarían casi nueve meses. En este tiempo, el Gobierno intentará llenar de contenido al máximo, pero cada vez con más dificultades para aprobar cosas, según admitió el propio presidente en una de las réplicas.En La Moncloa señalan que los socios gesticulan mucho e incluso algunos piden elecciones anticipadas, pero después, cuando llega el momento de las votaciones, el de la verdad, el Ejecutivo consigue aprobar la mayoría de los que lleva. Este jueves será un nuevo pleno con varias votaciones de decretos y de leyes, y el Ejecutivo confía en aprobarlo todo, desde el llamado “bono verano joven”, con descuentos en transportes de hasta el 90%, hasta una ley para prohibir las terapias de conversión de la homosexualidad o la transferencia de la titularidad de la AP9 a la Comunidad de Galicia. El Ejecutivo insiste en que ha logrado sacar adelante una docena de leyes en lo que va de año, aunque la realidad es que las grandes reformas –tanto las de la justicia como el paquete anticorrupción o el último decreto sobre vivienda que contenía el escudo antidesahucios– se han quedado atascadas, sobre todo por la negativa de Junts a aprobarlas.El Gobierno también tiene previsto algún pleno en julio para aprobar algún otro decreto, en especial el que ya está ultimando, que es una prórroga del último que se hizo para afrontar la situación derivada de la guerra en Irán. El paquete de ayudas será mucho más suave que el anterior porque la guerra ha terminado y poco a poco debería llegar la recuperación, con lo que algunas medidas que están ahora en vigor y que suponen 5.000 millones de euros en total decaerán, pero otras se mantendrán. El Ejecutivo confía en poder convalidarlo, pero ahora está en plena negociación con los socios porque el Consejo de Ministros para aprobarlo es el lunes. Esta negociación en sí es para el Ejecutivo una prueba de que la mayoría sigue existiendo y la legislatura aún no está muerta, pero no quedan muchas más cosas con posibilidades de salir.La gran medida de Sánchez para darle contenido a esta última fase de la legislatura son los Presupuestos para 2027. En un ambiente político como el que se vio este miércoles, con Junts pidiendo al presidente que dimita y deje paso a otro dirigente para intentar una nueva investidura, y Podemos pidiendo elecciones, parece completamente imposible un pacto de Presupuestos que se le ha resistido al Ejecutivo toda la legislatura. Sin embargo, el Gobierno va a estirar al máximo todo el proceso para intentarlo hasta que finalmente decaigan, tal vez a finales de año.Los Presupuestos llevan toda una secuencia de decisiones que alargan el proceso y sirven políticamente para darle contenido a la legislatura, pero también para ofrecer las Cuentas como una especie de programa electoral, porque está previsto que sean expansivas y que muestren el proyecto político de la coalición. Y su caída definitiva, presumiblemente a finales de año —aunque formalmente el debate de totalidad debería ser en octubre, es muy probable que se retrase— sería ya la excusa formal para convocar las elecciones en los primeros meses de 2027 o inicios de la primavera, aunque Sánchez se reserva la posibilidad de estirar la legislatura hasta el verano, algo que sería legalmente posible porque los comicios en 2023 fueron un 23 de julio.El debate de este miércoles marca así una especie de inicio de una larga campaña electoral, aunque en el Gobierno insisten en que no quieren verlo así y tratan de ofrecer una imagen de normalidad política y buscarán sacar el máximo de votaciones posibles hasta entonces. El PNV, que siempre marca los tiempos, lo dejó más claro que nadie: “Presente los Presupuestos y, si no los consigue sacar, convoque elecciones”. Ese parece ser ya el camino definitivo hacia la batalla final de 2027.
Sánchez apura los últimos cartuchos para mantener viva la legislatura antes de ir a las urnas
El Gobierno admite la distancia con los socios pero cree que aún aprobará leyes y decretos —este jueves lleva varios— e intentará los Presupuestos antes de disolver















