La mayoría que ha sujetado durante casi tres años a Pedro Sánchez dio este miércoles síntomas de un grave agotamiento. O los socios perciben que ya no falta mucho para las elecciones generales o los escándalos de corrupción que afectan al Gobierno les resultan insoportables. Tal vez, ambas cosas. El presidente acudió al Congreso tras la condena de 24 años a José Luis Ábalos, acuciado por la imputación de José Luis Rodríguez Zapatero y el alcance de las maniobras de Leire Díez, y se topó con duras críticas de quienes han sido sus aliados políticos. A excepción de Sumar, con quien comparte gobierno, y de Bildu, el resto de partidos no acaban de creerse que él no supiera nada de nada y dudan que sea posible continuar hasta 2027. A Pedro Sánchez no le hizo ninguna gracia. Y en su réplica, uno por uno, los fue metiendo en vereda. El jefe del Ejecutivo se muestra muy seguro de poder resistir porque las dos únicas formas de que termine su mandato son unas elecciones o una moción de censura. Pero Junts se sacó de la manga una opción intermedia: que el presidente dimita y permita votar en el Congreso a un nuevo candidato. Sánchez la desdeñó de inmediato y les retó a votar con Junts y Vox si quieren desalojarlo de la Moncloa. Por primera vez, los mandobles dialécticos contra el presidente no los protagonizaron Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal. Llegaron de todos lados y con intensidad. "La palabra de Ábalos era la palabra de Dios. Y usted era Dios", rememoró Gabriel Rufián, que le reprochó su determinación de aguantar por aguantar y su empeño en señalar la corrupción del PP en lugar de ofrecer explicaciones sobre sus propios casos. Un apunte que también hizo el PNV preocupado, además, de si existe un camino para proseguir y si este "conduce a algún lugar donde el sistema democrático perviva". Menos vueltas dio Podemos: "Su ciclo ha terminado, dejen paso". TE PUEDE INTERESAR Lo llamativo es que el presidente se revolvió y atizó a todos en sus respuestas. Sorprendido de que su tesis de que se mezclan asuntos para "crear una sensación de corrupción generalizada" y de que lo importante no son los casos sino cómo se reacciona ante ellos, no fuera convenientemente atendida. Fue especialmente beligerante con Rufián, a quien le dijo que "gobernar no es resistir, pero tampoco es desistir", le afeó la facilidad de hacer política en Twitter y le recordó que el 70% de los votantes de su partido quieren que agote la legislatura. Con el PNV aplicó algo más de diplomacia, pero no dejó de apuntar que depende de los votos del socialismo vasco en Euskadi. La sensación entre algunos socios es que Sánchez les había tratado como el PP al Grupo Vasco y a Junts, a quienes intenta atraerse a base de constantes descalificaciones. Fuentes de la Moncloa restaron importancia a los ataques de las fuerzas de su órbita y también a la respuesta del presidente. Defienden que forma parte de la liturgia de la última fase de la legislatura, en la que todos (también el PSOE) miran por su propio interés electoral. Reconocen las dificultades de la relación con Junts y Podemos, los más agresivos con Sánchez, pero matizan las advertencias de ERC y PNV porque no reclaman que disuelva ya las Cortes. Su impresión final es que la comparecencia le había salido "bien" a Sánchez. El Gobierno no ve recorrido a lo que Junts ha acuñado como la vía Starmer, la dimisión de Sánchez a cambio de investir a otro candidato, en alusión al ex primer ministro británico, Keir Starmer, que el lunes se vio obligado a renunciar para salvar las opciones electorales del laborismo. Aunque la intención de este partido es insistir en este alternativa. "Cuando las cosas se pongan aún peor, Junqueras (ERC) se dará cuenta de que no existe otra salida que esa", aseguran fuentes de Junts. La moción de censura, inviable El último cara a cara del año sirvió a Génova para confirmar una evidencia agridulce: que "nada puede forzar a Sánchez a ir a elecciones". Que sólo él puede controlar el calendario. Y que pese a la indiscutible fractura que el bloque de investidura exhibió en el último cara a cara del año, la balanza no va a inclinarse antes de tiempo en favor del líder del PP. La inagotable actividad judicial en torno al Gobierno y de investigaciones que afectan al corazón de la organización socialista había avivado el debate perpetuo de la moción de censura en la organización popular, pero Feijóo pudo comprobar en directo que esa llama se ha extinguido por completo. TE PUEDE INTERESAR En el PP asumen que la vía política para poner fin a la legislatura está agotada por la incapacidad de sumar a Junts y/o PNV en su empeño de desalojar a Sánchez de la Moncloa, como hizo él hace ocho años con Mariano Rajoy. "Esto está acabado", resumen fuentes de la dirección, pero "debemos estar preparados para las elecciones, sean cuando sean" y "dejar de sobreactuar" con herramientas como la de la moción de censura. Porque tanto los independentistas catalanes como los nacionalistas vascos dejaron claro que no ayudarán a Feijóo en ese propósito, por muy abrasado que vean al líder socialista. "Hay solo dos opciones: no hacer nada o la vía Starmer", reiteró Miriam Nogueras, una afirmación escueta pero con la que descartó la posibilidad de ir a elecciones para que "la extrema derecha no llegue al poder". A la espera de la sentencia sobre la ley de amnistía, es la única "solución" para Junts. Mucho más clara fue la portavoz del PNV, Maribel Vaquero, que se dirigió a la bancada del PP para reiterar que no ayudarán a Feijóo. "Si nadie se mueve hacia ustedes, los que se lo tienen que hacer mirar son ustedes y no el resto. Con compañeros de viaje como Vox, es impensable", zanjó. Los populares recibieron además otro inesperado jarro de agua fría. Feijóo no consiguió arrastrar ni a Junts ni a PNV en la moción que Francina Armengol vetó la semana pasada en el Congreso, y en la que se instaba al Gobierno a disolver las Cortes y convocar ya elecciones generales. La posición más sangrante fue la del partido de Puigdemont, que optó por no participar siquiera en la votación pese a que hace sólo unos días registró en el Congreso una enmienda calcada a la que Génova llevó este miércoles al Senado. Junts aprovechó para intentar colar la aplicación "efectiva" de la amnistía, a lo que el PP se negó. Y el PNV votó directamente en contra. TE PUEDE INTERESAR Dirigentes del PP entraron en cólera tras conocer el resultado de la votación. "De Junts no se puede esperar nada", afirmaban, ahora con la renovada seguridad de que "no dejarán caer al Gobierno", ni mucho menos el PNV. "Puigdemont no se atreve a jugar esa carta [la de la moción de censura]", insisten distintas fuentes consultadas, y ya no sólo por la resolución pendiente sobre la amnistía, sino también porque tanto ERC como Aliança Catalana "están esperando que lo haga para matarlos". Y la 'vía Starmer' —que Génova rechaza— "es una forma de protegerse de esos ataques" y dilatar la situación.