Cuatro derrotas electorales (Andalucía, Castilla y León, Aragón y Extremadura); varias investigaciones judiciales sobre corrupción, una mayoría parlamentaria que reclama elecciones generales y una dirigencia crítica en distintos grados con la estrategia resistente del secretario general. Pedro Sánchez llega al Comité Federal del PSOE sin el respaldo unánime que hubiera deseado y en un momento de debilidad manifiesta, pero tendrá el apoyo cerrado del máximo órgano entre congresos del partido, donde se respira una calma tensa ante el nuevo ciclo electoral. “La paz de los cementerios”, prefiere llamarlo uno de los barones territoriales, que no oculta su inquietud por “la lealtad mal entendida” que hoy reina en el socialismo español.

Quien así habla está convencido de que, más allá del castellano-manchego Emiliano García Page, o la alcaldesa de Palencia, Miriam de Andrés, durante la cita de este sábado nadie se atreverá a cuestionar ni la estrategia ni los plazos que determine Pedro Sánchez, pese a que hay una mayoría silente que no comparta la narrativa del “vienen a por nosotros” que ha construido el sector oficialista para defenderse de la campaña política, mediática y judicial de acoso y derribo contra el Gobierno.