El primer cruceGobernar sin presupuestos, sin horizonte legislativo y sin voluntad de contrastar la mayor�a parlamentaria no es un problema jur�dico, sino democr�ticoEl presidente del Gobierno, Pedro S�nchez.EFEActualizado Mi�rcoles,
junio
23:22Audio generado con IASiempre que se menciona el agotamiento de la legislatura y la necesidad de convocar elecciones, el Gobierno y sus afines recurren al mismo argumento: si de verdad existiera una mayor�a que quisiera elecciones, presentar�a una moci�n de censura. El razonamiento es falaz. Puede haber una mayor�a parlamentaria que considere agotada la legislatura y reclame elecciones y, al mismo tiempo, no existir acuerdo sobre qui�n debe ocupar la presidencia del Gobierno. En un Parlamento fragmentado, ambas cosas son perfectamente compatibles. Por tanto, afirmar que si hubiera una mayor�a para pedir elecciones existir�a necesariamente una mayor�a para una moci�n de censura es, sencillamente, falso.La estrategia, una vez m�s, es confundir al personal. La moci�n de censura prevista en el art�culo 113 de la Constituci�n no fue concebida para convocar elecciones, sino para sustituir un Gobierno por otro. Por eso es constructiva: exige mayor�a absoluta y un candidato alternativo. De ah� que la idea de una moci�n de censura instrumental tenga un aroma fraudulento, porque parece desbordar la finalidad del mecanismo constitucional. Claro que el dise�o de la Constituci�n de 1978 pretend�a evitar la inestabilidad, no facilitar los bloqueos indefinidos. El legislador, ingenuo, no contempl� que un presidente sin apoyos ni presupuestos insistir�a en agotar su mandato.La respuesta automatizada de la moci�n de censura es absurda por otro motivo: los grupos han pedido elecciones, pero ning�n l�der ha presumido de contar con la mayor�a para ser investido. Curiosamente, el �nico l�der que presume de tener el respaldo de la C�mara para ser presidente es Pedro S�nchez. Y sin embargo, se niega a utilizar la herramienta constitucional dise�ada para demostrarlo: la cuesti�n de confianza.La situaci�n es la siguiente: el Gobierno es incapaz de aprobar los presupuestos, el presidente no quiere someterse a una cuesti�n de confianza, una mayor�a parlamentaria reclama elecciones y no existe una mayor�a alternativa para una moci�n de censura. En ese escenario, la �nica salida que preserva la l�gica democr�tica es disolver las Cortes y devolver la palabra a los ciudadanos.Como en tantas ocasiones durante el largo invierno del sanchismo, nos enredamos hablando de tecnicismos jur�dicos y lecturas constitucionales. Pero ninguna interpretaci�n constitucional puede ocultar lo evidente: gobernar sin presupuestos, sin horizonte legislativo y sin voluntad de contrastar la mayor�a parlamentaria no es un problema jur�dico, sino democr�tico. Y tambi�n, por qu� no decirlo, una cuesti�n de decencia.









