El Gobierno afronta su último año de una legislatura fallida anunciando que presentará los Presupuestos Generales del Estado en el Congreso. Presentarlos es una obligación que los padres constituyentes exigieron al Gobierno, pero, lamentablemente, cumplir la ley es una anormalidad en la era sanchista. Carlos Cuerpo hace un mes dijo que, con la incertidumbre provocada por la guerra en el Golfo Pérsico, no era oportuno presentar un cuadro macro. Ahora nos dice que sí lo va a presentar, con la misma incertidumbre que hace un mes. ¿Qué ha cambiado? Simplemente cumple órdenes directas de Pedro Sánchez, un obseso del control del poder y de la información de todo lo que le rodea. ¿Cuál es el objetivo de Pedro Sánchez? Nadie sabe qué piensa esa cabeza tan compleja y yo acostumbro a hacer el pino y ver la realidad al revés para comprenderle. Pedro Sánchez lleva perdiendo elecciones desde hace siete años y las últimas cuatro con un desplome histórico. Su estrategia desde 2019, ayudado por Iván Redondo, ha sido dividir a la derecha para que no sumen 176 escaños y montar gobiernos Frankenstein, y seguramente va a intentar repetirlo en 2027. Cualquier político no mercenario, con una mínima visión de Estado y del interés general, habría convocado elecciones cuando Podemos le negó el apoyo, luego se lo negó Junts y, recientemente, PNV y Coalición Canaria. Cuando Sánchez se siente acorralado, siempre huye hacia delante y asume más riesgo en cada partida. Ahora, la partida de los presupuestos es, junto a la Ley de Amnistía, la mayor amenaza a la Constitución que ha aprobado un Gobierno democrático desde 1978. El nuevo ministro de Hacienda fue nombrado con una única misión: cerrar el acuerdo de financiación autonómica que incluya el germen del Cupo catalán, con el único objetivo de garantizarse el apoyo de los independentistas catalanes. Opinión España tenía un sistema centralista heredado del modelo francés de los Borbones y, en 1978, supuestamente pivotábamos a un modelo federal, pero sistemáticamente hemos pivotado a un modelo confederal. La España confederal la visionaron Pujol y Arzalluz y la han continuado todos los líderes posteriores; en Cataluña derivó en la declaración de Independencia. La perversión del modelo es que tanto PNV como la antigua Convergencia han vivido políticamente de ordeñar a la vaca del Estado, quitando poder al centro para aumentar su poder político en su región. El resultado ha sido lo que los economistas denominamos un dilema del prisionero, donde las partes deciden tomar decisiones individuales no cooperativas y ambas partes se empobrecen. El País Vasco es la región europea que más ha divergido desde los años sesenta. Siempre lideraron el lobby proteccionista, junto con los catalanes, para priorizar su desarrollo industrial, empobreciendo al resto de España. ETA impuso el terror, pero el mayor daño que hizo a los vascos fue destrozar el capital empresarial y forzar a muchos empresarios a huir para proteger su vida y la de sus familias. Ahí empezó el declive económico, pero la sociedad vasca no lo ha percibido. El Estado se gastó más del 4% del PIB en la reconversión industrial, en los años ochenta, y la mayor parte fue al País Vasco. El País Vasco es la región más envejecida de España y la que tiene el mayor déficit del sistema público de pensiones. El equilibrio del sistema es tener 2,5 afiliados por pensionista y en País Vasco hay solo 1,4. Eso provoca un déficit crónico y creciente desde hace 20 años que solo en 2025 supuso más de 5.000 millones que, como el Estado tiene déficit, se financia con deuda pública que pagaremos todos los españoles. Todos los españoles, menos los vascos y los navarros, que no incluyen el déficit de la Seguridad Social en su cupo de aportación a los gastos generales del Estado. País Vasco sufre desde 2018 una crisis industrial muy similar a la de Alemania. Pero, mientras los alemanes ya son conscientes de que están en crisis y están tomando medidas para mejorar su competitividad, en País Vasco viven de la subvención del resto de España a su sistema de pensiones sin tener percepción de crisis. Cuando la principal empresa de tu región es la Seguridad Social, que se nutre de ingresos de toda España, de nuevo políticos no mercenarios con visión de interés general harían todo lo posible para que la economía española fuera bien. Pero, sin el PNV y su negociación con Iván Redondo en la moción de censura en 2018, el sanchismo nunca habría controlado el poder del Estado. Por esta razón, el mejor escenario para los españoles en este escenario es que no se aprueben unos presupuestos que darán un gran avance al modelo confederal y que, además, aumentarán el gasto público estructural y abocan a una nueva crisis de deuda pública como la que tuvo que gestionar Zapatero en 2010 y después Rajoy, durante el rescate de 2012. Opinión Analizando a Pedro Sánchez haciendo el pino, su prioridad es mantener el control interno del PSOE para mantenerse en el poder, incluso aunque las urnas le obliguen a abandonar la Moncloa. Solo así se entiende que haya elegido pésimos candidatos para las elecciones andaluzas, extremeñas y aragonesas, pero que mantienen su fidelidad al sanchismo tras la debacle electoral. España se parece cada vez más a la película de los Intocables. Toda la atención de los medios está centrada en las joyas de Zapatero y en las cloacas de Ferraz, pero la clave del futuro de nuestra democracia y nuestra economía pasa por el Comité Federal del PSOE el próximo día 27 de este mes. En ese Comité, los españoles vamos a saber si hay intocables dentro del partido clave en la transición a la democracia, la entrada en Europa y la modernización de la economía española o, por el contrario, todos en ese Comité, salvo Emiliano García-Page y Míriam Andrés, alcaldesa de Palencia, son cómplices del sanchismo y de toda la corrupción y la grave crisis institucional en la que nos encontramos. Veremos. El Gobierno afronta su último año de una legislatura fallida anunciando que presentará los Presupuestos Generales del Estado en el Congreso. Presentarlos es una obligación que los padres constituyentes exigieron al Gobierno, pero, lamentablemente, cumplir la ley es una anormalidad en la era sanchista. Carlos Cuerpo hace un mes dijo que, con la incertidumbre provocada por la guerra en el Golfo Pérsico, no era oportuno presentar un cuadro macro.