Hay acuerdo, aunque quizá no es el que se imaginaba Trump cuando decidió iniciar la guerra ilegal contra Irán. Si nada salta por los aires de aquí al viernes, las partes firmarán un marco para poner fin a la guerra. A falta de conocer los detalles, lo único seguro es que el memorándum de entendimiento pretende reabrir el estrecho de Ormuz y frenar la guerra en todos sus frentes, incluido Líbano. Todo ello seguido de más negociaciones sobre el programa nuclear.

El primer punto es solucionar un problema causado por la propia guerra y que no existía antes de que Trump, junto con Netanyahu, decidiese bombardear Irán. Eso, por tanto, no es ninguna victoria. “La apertura del estrecho de Ormuz es el resultado más importante de este memorando de entendimiento. Por supuesto, el estrecho ya estaba abierto antes de la guerra. Ahora estamos pagando por reabrirlo a cambio del levantamiento de las sanciones”, escribía Daniel Shapiro, exembajador de EEUU en Israel y extrabajador del Departamento de Defensa, del Departamento de Estado y antiguo miembro del Consejo de Seguridad Nacional de EEUU.

El segundo punto vincula el futuro de la guerra contra Irán con el futuro de la guerra de Israel contra Hizbulá en Líbano. Esto era un objetivo claro de Teherán, que ha tratado de aprovechar su resistencia a los bombardeos para establecer una nueva “ecuación de la disuasión”; es decir, extender su capacidad y paraguas de disuasión vinculando y condicionando la paz futura de la región a que Israel no ataque a su aliado Hizbulá.