EditorialEl acuerdo firmado por Trump otorga un bal�n de ox�geno econ�mico al r�gimen iran�, que sale fortalecido y con un margen m�s amplio de maniobra Macron aplaude a Trump tras la firma del pacto con Ir�n.AFPActualizado Viernes,
junio
00:14Audio generado con IAEl acuerdo entre Estados Unidos e Ir�n que pone fin a una guerra improvisada y sin objetivos claros supone una capitulaci�n estrat�gica de Donald Trump que no solo refuerza a la despiadada teocracia. Tras resistir los ataques de la primera potencia militar del mundo, el r�gimen iran� sale m�s robusto, mejor financiado y con una mayor capacidad operativa. Mientras tanto, Occidente queda relegado a una posici�n m�s d�bil que antes de la contienda.El n�cleo del pacto se apoya en cesiones cuantificables del lado estadounidense. La activaci�n de un �plan de reconstrucci�n� de 300.000 millones de d�lares, sumada a la progresiva eliminaci�n de las sanciones a Ir�n y a la devoluci�n de activos congelados, entrega un enorme bal�n de ox�geno econ�mico a un r�gimen criminal que ha estado aislado durante a�os por sus aspiraciones nucleares, su capacidad de desestabilizaci�n regional a trav�s de milicias aliadas -Hamas, Hizbul� o los hut�es- y la salvaje represi�n de su propio pueblo.Frente a esos compromisos concretos, las obligaciones de Ir�n quedan formuladas de manera imprecisa. La dimensi�n nuclear se traslada a futuras negociaciones sin exigencias inmediatas de verificaci�n estricta. Tampoco se fijan mecanismos de control que permitan medir avances o incumplimientos a corto plazo. La arquitectura del pacto descansa as� sobre compromisos diferidos y de interpretaci�n abierta.El impacto pol�tico que el acuerdo est� teniendo en EEUU es expresivo de esa asimetr�a. Sectores relevantes del Partido Republicano lo est�n cuestionando en medio de fuertes tensiones. La reapertura del Estrecho de Ormuz es un ejemplo: estabiliza el comercio energ�tico internacional pero otorga a Ir�n una inquietante influencia sobre los flujos del petr�leo. El alivio de las sanciones refuerza esa posici�n, ampliando el margen de maniobra de los ayatol�s mediante recursos financieros y tecnol�gicos que incluyen el desarrollo de sistemas de drones y misiles bajo una supervisi�n limitada.En paralelo a esa claudicaci�n, Trump contin�a reordenando el tablero global de manera ca�tica, esta vez con el anuncio de una �OTAN 3.0� que revisar� la presencia militar de EEUU en Europa. El examen de bases y despliegues apunta hacia una relaci�n transatl�ntica condicional, en la que el compromiso de seguridad dejar� de ser autom�tico y pasar� a depender de criterios de contribuci�n y alineamiento pol�tico. Una erosi�n de la Alianza muy peligrosa en una fase vol�til de la guerra de Ucrania en la que Kiev ha intensificado sus ataques de largo alcance sobre el entorno de Mosc�.Tanto las cesiones de Trump a Ir�n como su cuestionamiento de la OTAN debilitan a Occidente en un momento cr�tico de asalto autocr�tico al orden democr�tico liberal. El tiempo se agota: Europa est� obligada a actuar con unidad y firmeza en defensa de sus valores y de su propia pervivencia.













