A pesar de la fama intimidatoria e inquietante que siempre han tenido sus ofensivas, las que ahora resultan más impredecibles a partir de los movimientos zigzagueantes de quien las conduce, y de las multimillonarias erogaciones destinadas a erigir una defensa inexpugnable, Estados Unidos acaba de sufrir una humillante derrota a los ojos de la mayoría de expertos y analistas que siguieron su actuación sobre el terreno desde el minuto cero.

La referencia no tiene que ver con el seleccionado de uno de los tres países norteamericanos anfitriones de la Copa del Mundo de Fútbol, que se halla en plena disputa, ni el estratega impredecible es el director técnico argentino, Mauricio Pochettino, acaparador de elogios tras el debut triunfal y goleador de su equipo y la temprana clasificación a la siguiente ronda.

La “derrota” de la que medio mundo habla tiene que ver con el Memorándum de Entendimiento que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó al promediar esta semana para poner fin al conflicto bélico con Irán, iniciado el pasado 28 de febrero con los ataques que el gobierno de Washington lanzó sobre Teherán y otras ciudades iraníes, en una ofensiva coordinada con el Ejecutivo de Israel que comanda el primer ministro Benjamin Netanyahu.