Donald Trump lleva cuatro meses celebrando que Estados Unidos ha ganado la guerra contra Irán. Pero los términos del memorando de entendimiento que firmó el miércoles en Versalles, un palacio cargado de simbolismo y el peso de la historia, indican una capitulación y la necesidad de terminar el impopular conflicto, en el que Washington ha gastado más de 130.000 millones de dólares. El presidente ha aceptado una serie de concesiones que muchos representantes de su movimiento MAGA, incluidos congresistas, analistas, influencers y medios de comunicación afines, ya valoran como una humillación histórica.En el memorando de entendimiento, un texto de 14 puntos pactado con Irán, ambos países se comprometen a cesar por completo sus hostilidades, al menos, durante 60 días. El texto sienta las bases sobre las que los dos enemigos comenzarán a negociar una paz definitiva. Esto incluye el levantamiento del bloqueo naval estadounidense sobre Irán y el iraní sobre el estrecho de Ormuz, la exigencia a Teherán de que diluya sus reservas de uranio altamente enriquecido, el levantamiento de sanciones de EE.UU. sobre el país y la liberación de sus fondos congelados.Lee tambiénSegún el acuerdo, EE.UU. y sus aliados regionales se encargarán de desarrollar un plan para que Irán reciba 300.000 millones de dólares para su reconstrucción y desarrollo económico, aunque el presidente Trump y otras autoridades estadounidenses han insistido en que su país no queda obligado a dar “ni un centavo” al régimen islámico. Las condiciones de este plan de reconstrucción tomarán forma en los próximos dos meses, en los que Washington se reserva el derecho de volver a atacar si considera que Teherán ha incumplido su parte.El contenido del memorando estuvo rodeado de secretismo y especulación durante días, hasta que finalmente EE.UU. lo hizo público el miércoles, cuando su texto íntegro ya había sido filtrado a varios medios de comunicación. Al conocerse que Trump iba a hacer grandes concesiones sin obtener victorias estratégicas a cambio –el estrecho de Ormuz ya estaba abierto antes de la guerra e Irán ya se había comprometido a no producir bombas nucleares–, el memorando pactado enfrentó un fuerte escrutinio por parte del Congreso, donde tanto demócratas como republicanos han exigido una votación sobre el mismo.“Reagan se está revolcando en su tumba”, ha lamentado el senador Bill Cassidy, republicano de Luisiana. El pacto, que deja para los próximos 60 días la negociación sobre los asuntos más conflictivos, “no frena” la ambición nuclear de Irán y fortalece al régimen de los ayatolás, que ha aprendido que el control del estrecho de Ormuz le otorga una palanca estratégica contra Occidente. El senador ha calificado la guerra, en la que han muerto 7.000 personas (incluidos 13 soldados estadounidenses), como “el peor error de política exterior en décadas”.Congresistas republicanos denuncian que no se han cumplido los objetivos estratégicos: “Reagan se está revolcando en su tumba”Varios representantes del America First, la doctrina de política exterior trumpista que aboga por no entrometerse en conflictos en el exterior para centrar la inversión en la política doméstica, ya se alejaron de Trump desde el comienzo del ataque. Como la representante Marjorie Taylor Greene, que inmediatamente después de conocer el texto del memorando constató que el conflicto ha sido “totalmente innecesario”.El senador Ted Cruz, republicano por Texas, cuestionó qué sentido tiene “darle 300.000 millones de dólares al ayatolá iraní”, Mojtaba Jamenei. Incluso Lindsey Graham, republicano de Carolina del Sur y uno de los legisladores más alineados con Trump en esta guerra, dijo el domingo que el acuerdo sonaba “horrible”, aunque tras su firma matizó el discurso: “EE.UU. puede alcanzar un acuerdo aceptable con Irán” en los próximos 60 días, afirmó, “veo poco que perder con intentarlo”.Nikki Haley, exembajadora ante la ONU durante el primer mandato de Trump, celebró inicialmente la campaña militar, pero al conocer el acuerdo aseguró que “es un enorme error pagar para reconstruir la amenaza que acabamos de destruir”. El New York Post, un tabloide afín a Trump, titula en su portada que “Trump devastó a Irán, ahora los golpea con una... bomba de amor”, acompañado de una imagen de la bandera estadounidense en llamas y un texto que afirma que el mandatario ha proporcionado a los líderes de Irán “dinero en efectivo, y sin sanciones”.Hace cuatro meses, el presidente justificó esta guerra con una serie de objetivos estratégicos que no se han cumplido. El régimen de los ayatolás sigue en pie y fortalecido por su capacidad de resistencia y de presión en el estrecho de Ormuz; sus milicias aliadas, como Hizbulah, mantienen su capacidad de amenaza contra Israel y los aliados de EE.UU. en el Golfo Pérsico, y Teherán sigue negándose a desmantelar su programa nuclear (solo acepta deshacerse de su uranio altamente enriquecido), que asegura que siempre ha sido destinado a fines civiles.Lee tambiénDe este modo, el acuerdo restablece en gran parte el statu quo anterior a la guerra, al menos durante 60 días, en los que ambos países seguirán negociando los asuntos más espinosos, como el destino del programa nuclear iraní. El memorando también reafirma el compromiso con la integridad territorial del Líbano frente a la invasión israelí contra Hizbulah, aunque Tel Aviv ha dejado claro que no es una parte firmante, por lo que no se ve obligado a cesar sus ataques ni a retirarse.Aunque no representa una victoria estratégica clara para EE.UU., Trump ha calificado el texto firmado de “muy sólido”, pero se reserva la posibilidad de abandonarlo: “Es un memorando de entendimiento y, si no me convence, volveremos a dispararles y a lanzarles bombas”, amenazó desde Francia.Hay dos elementos que ayudan a entender por qué, después de embarcarse en un conflicto a tan gran escala, y tras meses exigiendo a Teherán la “rendición incondicional”, Trump ha decidido precipitar su salida del mismo. Por un lado, el presidente parece haber tomado conciencia de que sus ambiciones (afirmó que derrocaría al régimen y terminaría la guerra en un mes) habían sido demasiado optimistas, quizás embriagado por la rápida victoria en Venezuela con la captura de Nicolás Maduro en una noche.Por el otro, las disrupciones generadas por el cierre del estrecho de Ormuz, que han llevado el precio del galón de gasolina a máximos del 2022 (4,5 dólares), estaban convirtiéndose en una piedra en el zapato para los republicanos, que en noviembre enfrentan una crucial elección legislativa de mitad de mandato. Además, la guerra fue impopular entre la ciudadanía estadounidense desde el mismo inicio de la campaña militar y tan solo el 30% de los estadounidenses se mostraron a favor en las recientes encuestas. El fin de la guerra, aunque represente en gran parte un retorno a la situación previa, supondrá un alivio para la economía global que, en el cálculo de la Casa Blanca, permitirá a los votantes pasar página en los próximos comicios.