La guerra de Irán y su aparente resolución han desatado un movimiento de placas tectónicas en torno al presidente Donald Trump. En apenas tres meses, el movimiento MAGA ha experimentado dos rebeliones internas y de signo opuesto, mientras el pueblo estadounidense recalibra sus simpatías. Un mito se ha roto, además de la idea de que el desafío iraní tenía una solución militar. Décadas de campañas de influencia se han dado de bruces con un memorándum de entendimiento que, en resumidas cuentas, compensa a Irán por reabrir una vía comercial, el estrecho de Ormuz, que estaba abierta hasta el 28 de febrero. Varios medios, entre ellos el canal saudí Al Arabiya y la agencia Bloomberg, han filtrado este preacuerdo de 14 puntos. Incluye exactamente lo que se rumoreaba: el levantamiento inmediato de todas las sanciones a Irán, que podrá vender su petróleo; la descongelación progresiva y en función de lo que se negocie en los próximos 60 días de los activos congelados de Irán; y la elaboración de un plan para reconstruir el país con, "al menos", 300.000 millones de dólares. A cambio, los iraníes se comprometen a no desarrollar armas nucleares, aunque no se especifica, de momento, ningún régimen de inspecciones, como el que sí incluía el acuerdo nuclear firmado por la Administración Obama en 2015 y abandonado por Trump en 2018. El destino del uranio enriquecido será determinado a lo largo de esos 60 días de negociaciones, que esperan dar a luz un acuerdo de paz final. La Casa Blanca aún no ha publicado este memorándum, pero sí ha hecho circular un documento con los argumentos para defenderlo. Entre otras cosas, Washington asegura que los mayores ganadores de este preacuerdo son las familias estadounidenses, ya que a partir de ahora no tendrán que temer que una bomba nuclear iraní caiga en el centro de su ciudad. Los iraníes se han sentado a negociar, afirma la plantilla, gracias a "la fuerza de Trump". TE PUEDE INTERESAR Si echamos la vista atrás, estos 108 días de guerra han trastocado la orientación política de muchos norteamericanos, a diferentes niveles. Las palabras "Vietnam" y "Afganistán" suenan estos días en las portadas: EEUU ya no gana guerras. Tampoco ha ganado esta. Con la diferencia de que, en 2026, el presidente ni siquiera se ha molestado en venderla, justificarla o arroparla con una coalición. Los primeros en chillar desde sus pódcasts y cuentas de X fueron los purasangre del "America First": aquellos trumpistas que, como el influencer Tucker Carlson o la excongresista Marjorie Tayler Greene, valoran el aislacionismo por encima de todo y no comprenden que Estados Unidos actúe como una prolongación de un Estado casi 500 veces más pequeño: Israel. Atacar Irán, un país el doble de grande que España, con 92 millones de habitantes y gobernado por una dictadura teocrática militarizada y acostumbrada al dolor, no les pareció lo más inteligente, ni la mejor manera de proteger los intereses de la gente de a pie de Maine o de Luisiana. TE PUEDE INTERESAR Ahora, paradójicamente, el sonido de los alaridos y de las togas arrancadas procede del sector opuesto: los halcones pro-israelíes que llevan años pidiendo desencadenar una tormenta de acero contra el régimen de los ayatolás . Personas como los senadores Lindsey Graham y Ted Cruz, los fundamentalistas evangélicos o buena parte de la plantilla de Fox News. El presentador Mark Levin lleva toda la semana insultándose con la rama aislacionista del movimiento MAGA. "Al parecer, [el presidente del parlamento iraní] Mohammad Ghalibaf participará el viernes en una sesión de fotos con el vicepresidente [JD Vance]. ¡Me da muchísima rabia!", dijo el influencer Ben Shapiro, seguidor de Trump y del primer ministro israelí buscado por la Corte Penal Internacional, Benjamín Netanyahu. "Si Israel no es signatario del acuerdo... ¿Cómo se le pueden atar las manos a Israel en materia de autodefensa?". "Odio estar equivocada y he estado tan jodidamente equivocada con esto", dijo la activista sionista norteamericana Batya Ungar-Sargon, que en marzo celebraba el "éxito" de los bombardeos contra Irán. "La mayor superpotencia que ha existido en la historia de la humanidad acaba de ser derribada por un país que no tiene economía y que no tiene marina". TE PUEDE INTERESAR En el Capitolio, los líderes republicanos tampoco han visto los detalles del memorándum. Sí que han presenciado cómo Donald Trump, de visita en Francia para la cumbre del G7, ha elogiado a los iraníes: "Estamos tratando con personas que, a mi juicio, son muy racionales", dijo Trump, y añadió que eran "agradables en el trato", que "no estaban radicalizados" y que "buscaban ayudar a su país". Sin embargo, no todos los estadounidenses están descontentos. Pese a haber capitulado ante Irán, Donald Trump está tratando de ejecutar dos estrategias a la vez: vender su rendición como una victoria y, al mismo tiempo, culpar a Netanyahu. Esta semana ha llegado a decir, en el contexto de la cumbre del G7, que "Israel existe gracias a mí". Y ha criticado las tácticas bélicas de Israel. Entre otras, "destruir un bloque de apartamentos cada vez que buscan a alguien". Los republicanos sionistas ven con horror cómo Trump elogia a los iraníes, encarnación absoluta del mal desde 1979, al mismo tiempo que, como se dice en EEUU, arroja a Netanyahu bajo las ruedas: marginándolo de la firma del preacuerdo con Irán; debilitando, por tanto, su posición, y criticando sus métodos y objetivos. TE PUEDE INTERESAR Opinión Pero quizás esto resuene mejor con la población estadounidense en general. Una encuesta de Pew Research Center publicada en abril recoge que seis de cada diez ciudadanos de EEUU tienen "poca o ninguna confianza" en Benjamín Netanyahu. La proporción es igual, un 57%, entre los estadounidenses de confesión judía. El sondeo encaja con una lenta pero continua recalibración de las simpatías. Desde 2022, la percepción de Israel por parte del estadounidense medio ha ido agriándose, mientras que su visión de la causa palestina mejora y se la acaba de colocar por delante. Una tendencia que se achaca, fundamentalmente, a dos fenómenos: la respuesta genocida por parte del Gobierno israelí a los atentados terroristas perpetrados por Hamás en octubre de 2023, y, sobre todo, el cambio demográfico. Si uno evalúa la actitud de Israel en función de la edad, verá que, para los "boomers" estadounidenses, aquellos que hoy tienen entre 62 y 80 años, el afecto hacia el Estado judío continúa siendo superior a la comprensión hacia los palestinos (aunque ha bajado); a medida que vamos bajando por la pirámide de población, las tornas cambian. Son los más jóvenes, de entre 18 y 35 años, quienes más probabilidad tienen de ser propalestinos. TE PUEDE INTERESAR Las personas mayores crecieron en un mundo en el que la memoria del Holocausto era reciente, el Estado de Israel era joven y se defendía con lo que tenía a mano en guerras a varias bandas. Los jóvenes, en cambio, han conocido un Israel poderoso, mimado por Estados Unidos y embarcado en todo tipo de violaciones flagrantes de los derechos de los palestinos, como atestiguan, entre otras, oenegés israelíes. El Partido Demócrata también ha estado volcado, tradicionalmente, con una defensa firme de las políticas de Israel, como demostró, entre otros, el expresidente Joe Biden. Pero ya empiezan a notarse divisiones. El pasado abril, 40 senadores demócratas de un total de 48 votaron en contra de mandar ayuda militar a Israel: un gesto sin precedentes. Estas dudas también afloran en sus discursos. Varios líderes demócratas se alegran de que se haya pactado la reapertura del estrecho de Ormuz, pero han calificado el memorándum de "humillación desastrosa". Más a la izquierda, sin embargo, no faltan quienes elogian el preacuerdo. "Si el texto del Memorándum de Entendimiento filtrado de 14 puntos es correcto, es un buen acuerdo", dijo el influencer progresista Cenk Uygur. "Obtenemos un compromiso firme de que nunca podrán tener armas nucleares y ellos abren el estrecho de Ormuz; a cambio, les devolvemos el dinero que habíamos congelado y los países del Golfo también les entregan parte del suyo. ¡Volvamos a casa!". TE PUEDE INTERESAR Trita Parsi, especialista en Irán y vicepresidente del Quincy Institute, declaró: "Hay cierta justicia poética en el hecho de que Israel sea el gran perdedor del acuerdo entre Estados Unidos e Irán, dado que fue Israel quien impulsó agresivamente esta estúpida guerra por elección propia. Y si esto lleva a que Netanyahu pierda las elecciones y termine en la cárcel, la justicia será casi completa". Aun así, esto no ha terminado. Quedan 60 días de negociación para el acuerdo final, y puede ocurrir de todo: que Israel golpee el Líbano y sabotee el proceso, o que las presiones internas contra Trump sean grandes. Por ejemplo, desde su propio gabinete, donde los secretarios Pete Hegseth y Marco Rubio se han pronunciado en contra, según diferentes medios locales, del memorándum.