Los ganaderos vierten a la tierra, y la tierra, incapaz de digerir tantas toneladas de purines, vomita los nitratos procedentes de los excrementos de cerdos y gallinas al río Limia, que atraviesa el sur de Ourense y se convierte en Lima al entrar en Portugal. En su viaje pierde una i, pero parece que no la contaminación que infesta el agua de baño, los manantiales y pozos, y hasta el aire que respiran los vecinos de los ayuntamientos ribereños. El Tribunal Superior de Xustiza de Galicia dictó hace un año una sentencia histórica y condenó a la Xunta de Galicia y a la Confederación Hidrográfica Miño-Sil (CHMS), dependiente del Ministerio para la Transición Ecológica, a tomar todas las medidas necesarias para revertir la situación y proteger la salud de los habitantes. En febrero, el Supremo confirmó el fallo, pionero en Europa, por inacción ante la vulneración de derechos humanos fundamentales. Sin embargo, con la llegada del calor, la pesadilla vuelve a repetirse al borde de los embalses, río abajo, de As Conchas y Lindoso. El llamativo color verde del agua, consecuencia de las cianobacterias que proliferan con los nitratos, es el chivato que delata que todo sigue igual un año después y que la macroganadería intensiva destinada a la industria cárnica emponzoña una de las zonas más contaminadas de España. Los informes científicos en los que se basó la sentencia revelaban que se habían detectado hasta 97 millones de bacterias “muy peligrosas” por litro de agua.Pablo Álvarez, presidente de la Asociación de Veciños de As Conchas (ayuntamiento de Lobeira) y uno de los afectados que se enfrentó en los tribunales a las Administraciones, explica que “no hay carteles en las playas fluviales” prohibiendo o alertando del peligro de bañarse. Es más, el pasado día 11 de junio, algo que ha documentado con abundantes fotografías y vídeos, se celebró una actividad de piragüismo con niños de un colegio y fueron los bomberos de Muíños, a bordo de una furgoneta rotulada con los logotipos del 112 (Axega, Axencia Galega de Emerxencias) y la Xunta de Galicia, quienes se encargaron de la logística y llevaron las embarcaciones deportivas al lugar. “Ellos deberían estar haciendo justo lo contrario, alertando a la gente de la toxicidad del agua”, lamenta Álvarez. Río arriba, hoy, martes 16, y el miércoles 17 se festejará la XIV edición de la fiesta Abrazo ao río Limia, un evento educativo, con un millar de escolares de ocho centros de los dos países. Lo organizan el consistorio ourensano de Xinzo y la Consellería de Educacion de la Xunta, y se anuncia como un festival de hermanamiento, cooperación y, paradójicamente, “compromiso ambiental” en las orillas de un municipio que está en el foco de los ecologistas por la contaminación de las granjas. El pasado fin de semana, a orillas del embalse de As Conchas “había niños bañándose”, cuenta Álvarez, familias gallegas y portuguesas, incluso con “bebés de dos años”, a las que él mismo tuvo que explicarles los riesgos.A la vista de que el problema persiste y que, en cuanto han empezado a dispararse los termómetros, el ritual biológico de las cianobacterias vuelve a amenazar la salud en una de las comarcas con mayor tasa de cánceres de Galicia, la Asociación de Vecinos de As Conchas ha lanzado un SOS. “Ya no tenemos un embalse contaminado, sino dos”, alertan en un comunicado de prensa. “El embalse de Lindoso presenta actualmente un importante episodio de proliferación de cianobacterias, con un grado de contaminación que consideramos igual o incluso superior al observado en As Conchas” hasta ahora. Lindoso es una gran masa de agua a caballo entre España y Portugal y está considerado el segundo que produce más energía eléctrica para el país limítrofe. Según los análisis del 10 de junio que encargaron los vecinos de As Conchas —que ganaron el juicio mano a mano con la federación de consumidores CECU y con el apoyo de Amigas de la Tierra y el equipo de abogados ambientalistas ClientEarth— las cianobacterias de Lindoso son “compatibles con los géneros Microcystis y Aphanizomenon, asociadas a la producción de toxinas dañinas para la salud humana, la fauna y el medio”. Microcystis “es uno de los géneros de cianobacterias de agua dulce más estudiados por su elevada toxicidad, ya que produce microcistinas, un grupo de potentes hepatotoxinas capaces de dañar el hígado”, explican. Aphanizomenon “puede producir saxitoxinas, de naturaleza neurotóxica, y cilindrospermopsina, una citotoxina que puede afectar al hígado, los riñones y otros órganos” vitales. Estas floraciones de cianobacterias “no son un fenómeno aislado ni casual”, recuerdan los afectados. Están “directamente relacionadas con el exceso de nutrientes en el agua, especialmente nitrógeno y fósforo, procedentes de la contaminación generada por el no reciclaje adecuado de los purines, la gallinaza y los residuos de cerdo derivados de las macrogranjas y de la ganadería industrial de la comarca de A Limia”, apuntan. Esta situación fue denunciada durante “más de 15 años” tanto por ellos como por grupos como el Movemento Ecoloxista da Limia, la Sociedade Galega de Historia Natural, Greenpeace o Amigas de la Tierra, apoyados en investigaciones científicas desoídas reiteradamente por los políticos locales, la Xunta y el Ejecutivo central. Hasta que llegaron los asesores jurídicos de ClientEarth, que en marzo de 2025 canalizaron el malestar vecinal en una demanda ante los tribunales. “Se declara la vulneración de los derechos fundamentales: derecho a la vida y en su relación con el derecho a la intimidad, a la inviolabilidad del domicilio y a la propiedad”, dictaba pocos meses después, a principios de julio, la sentencia de TSXG que obligaba, además, a Xunta y Confederación a pagar indemnizaciones a los vecinos y a poner todos los medios para frenar y revertir la contaminación. “A día de hoy no han hecho todavía nada”, lamenta un científico que declaró en el juicio y elaboró informes periciales que demostraban que el origen de la contaminación estaba río arriba, donde se concentran más de 300 granjas. “Hasta la fecha no se han adoptado medidas eficaces para detener el problema”, confirma casi de forma idéntica el vecino Pablo Álvarez. El embalse de As Conchas se encontraba desde el día 8 de junio en nivel 2 (o amarillo) de contaminación por cianobacterias, según el parte de la Dirección de Saúde Pública, lo que significaba que el baño estaba completamente desaconsejado. Pero en las playas de los municipios que toca el pantano “no había advertencias visibles ni medidas de protección para la población”, reprocha la asociación vecinal, una tarea que corresponde a la Administración local. “Por su parte, el Ayuntamiento de Bande mantiene una información confusa y contradictoria mediante carteles en los que, por un lado, se aconseja no bañarse y, por otro, se indica ‘agua excelente”, denuncian los afectados. Esta semana, la alarma de la Xunta ha pasado a nivel rojo, o tres. El máximo en la escala de peligrosidad.El programa de vigilancia sanitaria de las zonas de baño de Galicia recoge que “ante la comunicación de una proliferación de cianobacterias, las autoridades locales deberán colocar carteles” y avisar a través de los medios donde las personas acostumbran realizar ”actividades acuáticas”, haya o no zona de baño oficiales. La demanda judicial de los vecinos también iba dirigida contra los consistorios, pero finalmente la condena recayó solo sobre la Xunta y la Confederación. Preguntada por el estado actual de estos embalses, una portavoz oficial de la CHMS explica que “As Conchas viene incrementando los niveles de cianobacterias” y el pasado lunes 8 ya eran “elevados”. En el caso de Lindoso, según “las imágenes” que maneja el organismo de cuenca no se demuestra que haya floración o bloom de cianobacterias, pero —añade— “del laboratorio nos avanzan resultados que muestran que podría estarse anticipando un bloom, ya que la clorofila está elevada”. “Hay que esperar a las siguientes muestras”, comenta, aunque ya “se avisó a Ayuntamientos, Sanidade y autoridades portuguesas”. Esta misma fuente señala que la causa hay que buscarla en las “inundaciones de A Limia durante todo el invierno, que provocan una contaminación difusa que se acaba acumulando” en As Conchas, el primer embalse río abajo.La proliferación de cianobacterias en Lindoso, según el colectivo vecinal, “demuestra” que la inacción política permitió que la toxicidad “se extendiera aguas abajo” por los municipios ourensanos de Lobios y Entrimo y afecte ahora a poblaciones de ambos lados de la frontera. “Les pedimos que no sigan los pasos de Bande, Lobeira y Muíños, que durante años han actuado con total irresponsabilidad al no advertir adecuadamente a vecinos, visitantes y turistas de los riesgos reales derivados de esta contaminación”, pide la asociación del pequeño poblado de As Conchas. Cianobacterias exportadas a PortugalLa amenaza de la contaminación exportada a Portugal desde el sur de Ourense llegó en junio del año pasado al Parlamento luso. En una respuesta de la ministra de Ambiente y Energía, Maria da Graça Carvalho, a una pregunta del Bloco da Esquerda, la Agência Portuguesa do Ambiente, en “estrecha colaboración” con la Confederación Miño-Sil, dijo “no tener conocimiento de contaminación por cianobacterias provenientes de España”. “La monitorización en Alto Lindoso”, proseguía la respuesta, “no revela contaminación por nutrientes” y la masa de agua “obtiene un estado global de bueno o superior”. Según la ministra, los blooms de cianobacterias en Galicia no habían cruzado la denominada raia, y en las inspecciones “visuales” el agua mostraba un “aspecto limpio”.Hoy, sin embargo, el agua puede poner en riesgo a ”vecinos, turistas, bañistas, deportistas, pescadores y animales que entren en contacto con ella”, insiste la Asociación de As Conchas. El verde brillante de Lindoso es, advierten, “un serio aviso” y una “consecuencia directa de años de inacción institucional y de un modelo de ganadería industrial que los ríos y embalses ya no pueden soportar”.
Embalses de Ourense “con 97 millones de bacterias por litro” vuelven a infectarse un año después de la condena a la Xunta y el Gobierno
Las aguas de Lindoso y As Conchas aparecen teñidas de verde, el color que delata la contaminación por nitratos de las granjas, pero se celebran actividades deportivas y no se señala el riesgo. El Supremo condenó a las Administraciones por su inacción ante la vulneración de derechos fundamentales










