Lo visible actúa bajo el influjo de lo invisible. No es magia, es biología. En la naturaleza, los ecosistemas y el clima, por ejemplo, no sólo se ven afectados por los elementos que percibimos, sino también por el trabajo lento y silencioso, pero colosal, de los hongos. Bajo nuestros pies existe una red fúngica que ayuda a las plantas a crecer y al clima a regularse. Lo asombroso es su tamaño. Esa red subterránea de hongos interconectados se extiende a lo largo de 110 billones de kilómetros.Esa autopista fúngica es inmensa y ahora los científicos han logrado mapearla por primera vez. De ahí la estimación, esos 110 billones de kilómetros, que son como la distancia entre la Tierra y el Sol pero mil millones de veces. Durante demasiado tiempo se ha ignorado a los hongos en materia de clima y conservación... Es momento de cambiar esa situación"Con ese tamaño, la red planetaria de hongos es capaz de transportar alrededor de 4.000 millones de toneladas de dióxido de carbono hacia los suelos (el 11% de las emisiones generadas directamente por los seres humanos). Es como el sistema circulatorio subterráneo del planeta y tiene un papel esencial para hacer fértil el suelo o regular el clima.Ni plantas ni animales: el reino FungiLos hongos tienen su nombre científico: Fungi (plural latino de fungus). En este grupo de organismos están los mohos, las levaduras y los organismos productores de setas. No son plantas ni animales, son un reino aparte. Existen cinco reinos: Monera (bacterias), Protista (unicelulares), Fungi (hongos), Plantae (plantas) y Animalia (animales, peces, etc). Los organismos del reino Fungi se distinguen de las plantas en que son heterótrofos (necesitan consumir materia orgánica para obtener nutrientes) y de los animales en que poseen paredes celulares, como las plantas, de quitina (no de celulosa). Se han descrito unas 100.000 especies de hongos, pero se estima que pueda haber 1,5 millones.El papel discreto y esencial de los hongosUn equipo de investigadores liderado por la Sociedad para la Protección de las Redes Subterráneas (SPUN, por su siglas en inglés) ha elaborado el primer mapa global de esa vasta red de hongos subterráneos. Lo consideran el "sistema circulatorio" de la Tierra."Durante demasiado tiempo se ha ignorado a los hongos en materia de clima y conservación... Es momento de cambiar esa situación", afirma Toby Kiers, coautora del estudio. Porque esta red subterránea es esencial para la fertilidad del suelo, el reciclaje de los nutrientes, la captura de carbono, la seguridad alimentaria o la regulación del clima.En tan solo una cucharadita de tierra podría haber hasta 10 metros de red micorrícica"La mayoría de las especies de plantas forman asociaciones subterráneas con los llamados hongos micorrícicos arbusculares (AM). Es, como casi todo en la naturaleza, un intercambio bueno para ambos. Los hongos proporcionan nutrientes a las raíces de esas plantas y éstas, a cambio, les dan carbono. Al permitir el intercambio de agua, nutrientes y carbono, los micorrícicos desempeñan un papel determinante en el funcionamiento de los ecosistemas, por lo que resultan esenciales para sostener la vida y el equilibrio climático.Una colosal y planetaria autopista de hongosLos hongos micorrícicos forman redes de hifas que actúan como tubos que distribuyen carbono y conectan las plantas (las hifas son filamentos cilíndricos que forman el cuerpo de los hongos multicelulares). Hasta ahora se desconocía la escala global de estas redes, los 'vasos sanguíneos' del sistema circulatorio del planeta, debido a la dificultad de observarlas bajo tierra.Los científicos han creado el primer mapa global de esta autopista fúngica y publican su trabajo en la revista Science. Recopilaron datos de campo y experimentales sobre la densidad de hifas y utilizaron aprendizaje automático para predecir cómo varía la densidad de hongos micorrícicos en todo el mundo. Posteriormente, predijeron la biomasa de hifas mediante análisis de imágenes de alta resolución de la longitud de la red de hifas de dos especies de hongos distribuidas globalmente, cultivadas en medios transparentes en el laboratorio.Fertilizantes y fungicidas pueden interrumpir la simbiosis entre las plantas y los hongos"De ese modo han podido estimar que esa red subterránea de hongos interconectados se extiende a lo largo de 110 billones de kilómetros. "En tan solo una cucharadita de tierra podría haber hasta 10 metros de red micorrícica", explica Justin Stewart, autor principal del estudio.Una agricultura que respete los hongos del subsueloLa investigación pone de relieve cómo la agricultura intensiva está acelerando la destrucción de esta autopista, amenazando el papel clave que esta red desempeña contra el cambio climático. La densidad de estas redes esenciales es en promedio un 47,3% menor en las tierras de cultivo que en los ecosistemas silvestres.Muchas prácticas agrícolas a gran escala dañan las redes fúngicas. Según Stewart, "la forma más evidente es mediante el arado, que literalmente remueve la tierra". El rendimiento actual de los cultivos se incrementa artificialmente con el uso de fertilizantes y fungicidas, pero resulta que también pueden "interrumpir la simbiosis entre las plantas y los hongos".Si los hongos desaparecen, habrá muchos más productos químicos en los cursos de agua"Por eso el autor principal del estudio llama a incentivar a los agricultores a proteger y apoyar los hongos del suelo. De esa manera, las plantas podrían obtener más nutrientes de forma natural, reduciendo la necesidad de fertilizantes, mientras que los hongos ayudarían a transferir más carbono a las capas profundas del suelo, mejorando así su almacenamiento.Carbono, nutrientes y desertificaciónNo sólo es la agricultura, es el planeta. Según explica el estudio, una menor densidad de redes fúngicas reduce la capacidad del suelo para almacenar carbono y distribuir nutrientes. Además, esa inmensa autopista de hongos protege los cursos de agua del nitrógeno, el fósforo y otros productos químicos."Si desaparecen, habrá muchos más productos químicos en los cursos de agua", asegura Kiers. Por eso, por sus enormes implicaciones, el equipo de científicos va a presentar sus datos a los gobiernos en la próxima COP sobre desertificación que se celebra en agosto en Mongolia.
Descubren el "sistema circulatorio" de la Tierra: bajo nuestros pies hay una red de hongos que se extiende 110 billones de km
Esa autopista de hongos mueve de 4.000 millones de toneladas de dióxido de carbono cada año y es esencial para hacer fértil el suelo o regular el clima.
Red fúngica subterránea (110 billones km) transporta 4.000M toneladas CO2/año y regula clima; agricultura intensiva la degrada 47%. Para CTO con ESG mandate: cultivo regenerativo protege hongos del suelo, reduce químicos y captura carbono planetario sin overhead de R&D.










