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Bajo bosques, praderas y zonas agrícolas del planeta existe una red biológica de escala difícil de imaginar. Unos investigadores presentaron la primera cartografía de los hongos micorrícicos arbusculares, estructuras subterráneas que conectan plantas y suelos en casi todos los continentes. El resultado revela una infraestructura viva que cubre aproximadamente 110 cuatrillones de kilómetros de filamentos microscópicos, equivalentes a una fracción inmensa del sistema que sostiene la vida terrestre.
El estudio, publicado en la revista científica Science, expone que estas redes cumplen un papel clave en la circulación de carbono y nutrientes. Los científicos estiman que cerca del 70 % de las especies vegetales mantiene relación simbiótica con estos hongos. En ese intercambio, las plantas entregan carbono procedente de la fotosíntesis y reciben agua y minerales esenciales para su desarrollo.
Arquitectura de red del micelio fúngico. La arquitectura micelial varía entre cepas y especies. Foto Corentin Bisot – VU Amsterdam, AMOLF; Justin Stewart – SPUN
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