Otra historiaLe�n I y Le�n XIV se toparon con los b�rbaros. El primero le ech� el alto al jefe de los hunos a las puertas de Roma. El segundo ha refutado el desorden trumpistaEncuentro entre el Papa Le�n I y Atila, de Rafael Sanzio (1514).GETTY IMAGESActualizado Viernes,
junio
00:08Audio generado con IAEl Papa le ha puesto una vela a la diplomacia frente al renovado culto al rearme como escudo contra el desorden mundial. Ahora que Europa muta de paloma en halc�n haciendo cuentas sobre el trozo de PIB que hay que morder para amurallar la frontera con Rusia, Le�n XIV esgrime desde Espa�a un ajado manual de derecho internacional y una rama de olivo cada d�a m�s seca. Invocando el di�logo y hasta la santa paciencia, aquella virtud que todos perdimos en el primer scroll infinito de cuando X era Twitter.A lo largo de sus dos milenios de existencia, el papado ha tenido siempre un ojo en el cielo y los dos pies en la tierra. Su historia es, como la de la humanidad, un relato de guerra y paz. De religi�n entreverada con los rifirrafes de imperios y revoluciones en los que los jefes de la Iglesia han querido presentarse como mediadores incluso cuando eran ellos quienes pose�an ej�rcitos (sus santidades renacentistas, por ejemplo, estaban lejos de ser ap�stoles de la no violencia; basta pensar en Julio II, el �Papa guerrero� que cabalgaba al frente de las tropas para defender los Estados Pontificios).Pero si hay una imagen poderosa sobre el papel de la Iglesia como �rbitro en conflicto es la de primer Le�n saliendo al encuentro de Atila, rey de los hunos que sembr� el terror en plena decadencia del Imperio Romano. El arte consagr� el relato en la memoria occidental como el triunfo de la negociaci�n sobre la espada.Corr�a el a�o 452. Atila hab�a cruzado los Alpes dejando una estela humeante de ciudades y campos arrasados. Su nombre era sin�nimo de plaga para una Roma exhausta. La guerra menguaba sus recursos, encog�a su autoridad, convert�a sus fronteras en una linde porosa... En medio de aquella destrucci�n, el Pont�fice sali� en Mantua al encuentro del jefe de los b�rbaros, que acab� retir�ndose tras aquella misteriosa conversaci�n. Los hunos no marchar�an sobre Roma. La hierba seguir�a creciendo -al menos por un tiempo- en las calzadas imperiales.La imaginaci�n medieval abon� ese mito de la primac�a del esp�ritu sobre la fuerza militar. Rafael Sanzio pint� a los protagonistas del encuentro sobrevolados por los ap�stoles Pedro y Pablo, �ngeles que bland�an espadas sobre la cabeza de Atila para espantarle el sue�o imperialista.La realidad hist�rica, siempre tan aguafiestas, habla de otras causas para el repliegue: costes de campa�a, problemas log�sticos, enfermedades en el ej�rcito huno... Pero el Vaticano siempre ha reivindicado la fuerza del anciano que se enfrenta sin legiones a un sanguinario conquistador. Tambi�n Le�n XIV, que acaba de refutar el nuevo orden impuesto por el heredero posmoderno de los hunos, el emperador Donald Trump.















