La reacción iracunda del presidente contra el Papa refuerza la autoridad moral de este más allá de los católicos

En su temeraria concepción de las relaciones internacionales, que considera la guerra como una herramienta de negociación y no como el último recurso, el lenguaje amenazante como una fase obligatoria en cualquier diálogo, la historia como una anécdota y la verdad apenas como una opción más sobre la mesa, pocas personalidades mundiales quedaban en teoría fuera del destructivo radio de acción dialéctico de Donald Trump. Pero

la-izquierda-radical.html" data-link-track-dtm="">los sorprendentes, reiterados e injustificados ataques lanzados contra el papa León XIV demuestran, una vez más, que es un personaje sin límites que tampoco tolera competencia en el ámbito de la infalibilidad.

Trump embistió en diversas ocasiones durante la semana pasada contra el líder de la Iglesia católica, con su habitual falta de respeto y distorsión de los hechos, después de que Robert Prevost declarara en voz alta lo mismo que han dicho otros líderes y ciudadanos en todo el mundo: amenazar con “borrar una civilización” de la noche a la mañana dando además un ultimátum, como hizo Trump en referencia a Irán, va más allá de cualquier bravuconada bélica conocida y constituye un desprecio inaceptable a la humanidad misma.