EntrevistaEste sacerdote, jesuita y periodista analiza el desaf�o dial�ctico y mesi�nico del presidente de EEUU ante dos "cristianismos diferentes" y dos "antropolog�as incompatibles"El sacerdote Antonio Spadaro.GettyActualizado Viernes,

junio

07:07Un Papa y un presidente, por primera vez, coinciden en el mismo momento hist�rico siendo los estadounidenses m�s importantes del mundo. El jefe de la Casa Blanca, hace unas semanas, atac� por primera vez al Pont�fice sentando un grave precedente en las relaciones entre EEUU y el Vaticano. Antonio Spadaro (Messina, 1966), sacerdote, jesuita, periodista y persona de confianza del Pont�fice Francisco; es hoy subsecretario del Dicasterio para la Cultura y la Educaci�n de la Santa Sede y conocida firma en medios italianos como La Repubblica y ex director de la revista jesuita La Civilt� Cattolica. En una entrevista con EL MUNDO analiza el desaf�o dial�ctico y mesi�nico de Trump ante dos "cristianismos diferentes" y dos "antropolog�as incompatibles".�En qu� momento se encuentra el Pontificado de Le�n XIV despu�s del primer a�o?Su Papado arranc� ante un mundo que se encontraba y se halla en una condici�n de desmoronamiento acelerado: la guerra en Ucrania todav�a en curso, Oriente Pr�ximo en llamas, el ataque americano-israel� a Ir�n, Venezuela bajo presi�n militar, �frica en medio de conflictos olvidados, el sistema multilateral desgastado y las instituciones internacionales vaciadas. No era el momento de un Pontificado de transici�n, sino uno de asentamiento. �Con qu� objetivo?Mantener unido aquello que se rompe, como esencia de su Pontificado. No es la b�squeda de un equilibrio intermedio en el que todos pierden algo. Sino un m�todo agustino: la unidad como tensi�n, no como uniformidad. Lo dijo con claridad desde el principio: las divisiones, las contraposiciones y la polarizaci�n, son trampas que paralizan la misi�n. No se trata de nivelar, sino de reconocer las diferencias dentro de la Iglesia Cat�lica en el mundo. Donald Trump, fuera de toda l�gica, afirm� que el Papa Le�n XIV "est� poniendo en peligro a muchos cat�licos" al apoyar que "Ir�n tenga armas nucleares" y asegur� que "le gusta el crimen". Palabras sin ning�n fundamento. La idea de que el Papa "ama el crimen" o "aprueba el arma nuclear iran�" es totalmente absurda, roza lo inveros�mil si no fuera el jefe de una de las instituciones m�s antiguas del mundo. �Qu� sentido tiene esta narrativa contra el Pont�fice creando una crisis sin precedentes entre EEUU y la Santa Sede?Trump necesita un adversario reconocible. Su lenguaje pol�tico es teatral: hace falta un h�roe y un villano, un duelo identificable, un desaf�o personal. El problema es que Le�n XIV rechaza entrar en esa dramaturgia. El Papa no ataca a Trump: enuncia principios evang�licos. Y esos principios son anteriores a Trump y sobrevivir�n a Trump. Como el contundente rechazo a la guerra. La condena de la guerra no es una opini�n pol�tica disfrazada de fe: es una consecuencia directa del Evangelio, de la antropolog�a cristiana fundada sobre el imago Dei en cada ser humano, en la centralidad de la cruz como rechazo a la violencia. Cuando Le�n XIV declara que la guerra es impensable o moralmente indefendible, no s�lo est� expresando una opini�n religiosa. Est� redefiniendo la posici�n de los cat�licos en la vida p�blica, con efectos concretos en la opini�n p�blica global. Esta influencia normativa es la que Trump trata de neutralizar con sus ataques. Pero cuanto m�s la ataca, m�s la reconoce. Es una contradicci�n en la que ha entrado �l solo. Tras los ataques del presidente de EEUU, Prevost ha demostrado una gran contundencia y fortaleza. Las palabras "no tengo miedo de la Administraci�n Trump" fueron un antes y un despu�s. Se trata de una cualidad que siempre estuvo ah�. El "antes y despu�s" no tiene relaci�n con la persona de Prevost, sino con nuestra percepci�n de �l. El Pont�fice ha elegido, desde el primer momento, una f�rmula fulgurante: una paz "desarmada y desarmante". Ese doble adjetivo, pasivo y activo juntos, describe su forma de ejercer la autoridad: no grita, pero es escuchado. A nivel pol�tico internacional, con Le�n XIV se consolida la idea, algo que se comprob� con Francisco, de que el Papa es el �nico l�der moral de alcance global.Le�n XIV, en Semana Santa, subray� que hacer la guerra es ir en contra de Dios y de Jes�s. �Cu�l es el peligro, en lo teol�gico, del discurso mesi�nico y belicista de la actual Administraci�n de EEUU? El peligro no es la ret�rica belicista en s�, sino su sacralizaci�n: la investidura del poder pol�tico de una funci�n mesi�nica, la transformaci�n del l�der en figura casi divina, la identificaci�n de la naci�n con un sujeto teol�gico-redentor. Esto es lo que la tradici�n cristiana llama idolatr�a. Las im�genes de Trump como mes�as no son simples provocaciones sat�ricas, sino el s�ntoma visible del evangelicalismo pol�tico estadounidense que est� realizando una s�ntesis entre fe cristiana y nacionalismo americano. �Qu� diferencias hay, en t�rminos de cristianismo, entre Prevost y Trump?La diferencia es radical. Trump representa una fe cristiana en versi�n instrumental: como pegamento identitario y como legitimaci�n del poder. Le�n XIV representa una versi�n sustancial: la fe como transformaci�n interior y una visi�n cr�tica del poder, a trav�s de una solidaridad concreta con los pobres y una apertura universal que precede cualquier pertenencia nacional. Desde que fue elegido se destaca al Papa Le�n XIV como el anti-Trump. �No es m�s bien Trump el anti-Prevost? Definir a Le�n XIV como el anti-Trump significa aceptar la gram�tica trumpiana del mundo, en la que el presidente estadounidense es el centro de la escena y todos los dem�s se definen en relaci�n a �l: a favor o en contra, aliados o enemigos. Es una visi�n narcisista del poder, pero que no corresponde a la realidad. Quien presenta todo esto como un duelo, el de Le�n contra Trump, hace una lectura equivocada y reductiva. Y favorece a quien quiere retratar al Papa como un rival pol�tico que hay que derrotar. No es lo que est� ocurriendo: no es el Papa contra un presidente, sino un Papa contra la guerra.