León XIV hace en Canarias y ante Pedro Sánchez un duro discurso contra la discriminación de migrantes y a favor de la acogida: “Cada vida que llega nos pregunta qué queda de nuestra humanidad”

El Papa ha llegado este jueves a Canarias, última etapa de su viaje a España antes de regresar a Roma el viernes, y nada más aterrizar en Las Palmas ha ido al muelle de Arguineguín, un símbolo del drama de la inmigración en las islas. En 2020 llegó a ser conocido como el muelle de la vergüenza, ante el abandono en el que quedaron miles de migrantes tras un insólito número de llegadas de cayucos. Este lugar ha sido símbolo de todo lo que se ha hecho mal desde la política, de la descoordinación entre instituciones y del rechazo de parte de la población. Hasta desembocar en la idea de la prioridad nacional de Vox, que secunda el PP. Y también en la política migratoria cada vez más restrictiva de la UE, pues justo este viernes entra en vigor el nuevo pacto europeo que endurece el acceso al asilo. A todos ellos, León XIV ha lanzado un mensaje claro y rotundo: “No podemos acostumbrarnos a contar muertos. La dignidad humana no tiene pasaporte ni pierde valor al cruzar la frontera”.

“Queridos migrantes: (…) quiero inclinarme ante su dignidad”, ha dicho el Pontífice a un público en el que también había extranjeros, dirigiéndose directamente a ellos, humanizando su figura para ir más allá del estereotipo. “Ustedes son personas con una familia y una casa dejada atrás, con sueños que nadie tiene derecho a despreciar”, ha dicho. “Cada barca que llega no trae solo migrantes; trae consigo una pregunta: ¿qué mundo hemos construido, si tantos hermanos tienen que arriesgar la muerte para buscar vida?”, ha clamado el Papa, el primer pontífice que viaja a las islas Canarias. Al final del acto, ha arrojado una corona de flores al agua, en recuerdo de los fallecidos en el mar. Luego ha rezado ante una cruz azul, confeccionada con tablones de cayucos llegados a Canarias, y la ha bendecido.