León XIV se ha despedido de España este viernes con una última mañana de gestos a contracorriente, que rematan el gran mensaje político de este viaje. Antes de regresar a Roma con previsible retraso hacia las cuatro de la tarde (hora peninsular), ha dedicado la jornada a encontrar, dialogar y abrazar a migrantes en Canarias. La visita del Papa ha interferido en la narrativa que se impone sobre inmigración desde la derecha y la ultraderecha con actos como los de esta mañana en Tenerife, en el centro de acogida Las Raíces, donde ahora mismo hay 753 personas. Con un público de cientos de africanos llegados en cayucos, ha escuchado sus testimonios y luego se ha dado un baño de abrazos, de contacto humano y de afecto. Ha cogido niños y niñas en brazos que jugueteaban con su crucifijo. Ha hecho el gesto del six seven con uno de ellos en el escenario. Ha paseado por sus barracones con literas, con internos intimidados e incrédulos de su presencia. Y, matiz significativo, la mayoría de estas personas son musulmanas.Luego ha seguido otro acto en una plaza de La Laguna con más inmigrantes y el personal de las instituciones que trabajan con ellos, con nuevos momentos de escucha de historias de quien ha llegado a Canarias atravesando el Atlántico. Ha sido una gran operación de humanización y visibilidad de quien normalmente no se ve, buscada con toda intención por el Papa. “Queridos hermanos y hermanas, todos de algún modo somos migrantes”, ha dicho el Pontífice, que ha pronunciado su discurso en el centro de acogida íntegramente en francés.“Ayudémonos a hacer de esta travesía un lugar más humano para todos, aportando lo que esté al alcance de cada uno”, ha pedido Robert Prevost, para citar a continuación, expresamente, su agradecimiento al Gobierno y las instituciones y voluntarios “que hacen posible esta ayuda humanitaria concreta, que devuelve la esperanza y dignifica a tantas personas”.Como ha hecho desde el primer día en España, el Papa ha reiterado que “una conciencia humana, y más aún una conciencia cristiana, no puede permanecer indiferente ante las víctimas de los naufragios y de la falta de ayuda, ante esos cementerios del mar”. “Cada vida perdida en estas rutas es un fracaso para la familia humana”, ha advertido.El centro de Las Raíces, abierto en 2021 y gestionado por la asociación Accem, ha acogido desde entonces a más de 54.000 personas. Es uno de los complejos para migrantes del Gobierno más grandes de Canarias que, a finales de 2024, en plena crisis de llegada de cayucos, llegó a albergar a casi 4000 personas. El Papa también ha puesto de manifiesto en estos actos el trabajo de asistencia de la Iglesia, que tampoco es siempre visible y es uno de sus ámbitos de actuación en los que obtiene mayor credibilidad y prestigio.León XIV ha usado varias veces esta expresión: “Queridos hermanos migrantes”. Antes de sus discursos ha escuchado el testimonio de cinco de ellos, lo que los convertía en interlocutores, en parte de un diálogo. El mismo acto buscaba dignificarles, darles un espacio, un tiempo y una atención mediática para hablar generalmente negada. En estos eventos al Papa se le ve sinceramente conmovido, es el tipo de momentos por los que hace los viajes.“Nosotros venimos con sueños sencillos: trabajar, cuidar de la familia y vivir con dignidad. Y sentimos que usted mira a las personas migrantes con respeto y con cariño. Gracias por recordar al mundo que todos somos personas, que todos necesitamos amor, paz y oportunidades”, ha dicho un inmigrante africano. “No pedimos privilegios. No pedimos compasión. Pedimos respeto, humanidad y la oportunidad de vivir con dignidad”, ha rogado otra mujer. Todos han leído sus discursos con dificultad por la emoción. Han hablado nigerianos, senegaleses, marroquíes, colombianos, que han contado cómo han logrado abrirse camino.En sus dos discursos de este día, antes de la última homilía en la misa final de Tenerife, que ha iniciado con retraso a las dos de la tarde, hora peninsular, León XIV ha añadido nuevos matices a sus reflexiones sobre el fenómeno migratorio. Ha tenido las palabras más duras, incluso ha elevado la voz casi enfadado, al dirigirse a quienes hacen dinero sobre el drama migratorio: “Quiero dirigir una palabra clara a quienes se aprovechan de la desesperación; a quienes organizan rutas de muerte, trafican con personas, retienen documentos, explotan trabajadores, amenazan mujeres, engañan familias y convierten el sufrimiento ajeno en negocio. ¡Deténganse! ¡Conviértanse!“.Otros pasajes de sus intervenciones han versado sobre cómo abordar la integración de quienes llegan, pues ha alertado de que puede producirse “un segundo naufragio silencioso”. Consiste en “quedar solo en una ciudad, sin lengua, sin vínculos, sin trabajo, sin confianza y expuesto a quienes se aprovechan de la vulnerabilidad”. “Integrar es impedir ese segundo naufragio. Es ayudar a que quien llegó lastimado no quede fijado para siempre en su dolor, sino que pueda volver a ponerse en pie”, ha dicho.“Integrar no significa borrar la historia de quien llega ni exigirle que deje atrás todo lo que forma parte de su memoria. Tampoco significa crear mundos paralelos, cerrados unos a otros, donde las personas conviven sin encontrarse realmente”, ha explicado. También en este asunto el Papa ha buscado el equilibrio. Ha afirmado que a los migrantes que llegan a España también les toca “abrirse con confianza a la comunidad que les recibe, aprender su lengua, respetar sus leyes, conocer sus costumbres, participar en la vida común y ofrecer con gratitud sus dones”. Más allá de la primera acogida, ha señalado Prevost, debe darse a estas personas “una posibilidad concreta de recomenzar, de aprender, de trabajar, de servir, de participar, de no quedar encerrados para siempre en la condición de víctimas”.Antes de retirarse a descansar unos minutos en el palacio del arzobispado, se ha asomado al balcón a hablar con la multitud. Ha improvisado un mensaje —estos días se le ha visto cada vez más suelto, en parte porque se siente más cómoda hablando en castellano que en italiano— según las banderas que veía en la calle, mientras la gente le jaleaba: “Todos somos hermanos y hermanas, algunos son peruanos, otros son colombianos, otros venezolanos, otros de Tenerife. Somos una sola familia”.
El Papa se despide de España con un baño de abrazos a los migrantes: “El extranjero de ayer puede ser el hermano y vecino de hoy”
León XIV remacha en Canarias su mensaje en defensa de la inmigración y clama contra quienes “se aprovechan de la desesperación, retienen documentos y explotan trabajadores”











