El mismo día en el que Europa endurece su trato a los inmigrantes, el papa León XIV visitó un centro de acogida y celebró una misa en el puerto de Santa Cruz de Tenerife, última escala de su viaje apostólico a Madrid, a Barcelona y a las islas Canarias.Este viernes, mientras en España -y en el resto de los 26 países que integran la Unión Europea- comenzaba a regir el Pacto sobre Migración y Asilo que blinda las fronteras y agiliza las deportaciones, León XIV estuvo en el mayor centro de acogida para migrantes del país, el campamento montado dentro de un ex cuartel militar en Las Raíces."Todos, de algún modo, somos migrantes”, dijo el pontífice ante unos 700 jóvenes -un quinto de la cifra que suele alojar el centro de acogida- de Senegal, de Mali, de Mauritania y de Guinea.“Todos somos peregrinos en camino a la patria celestial”, señaló el Santo Padre.España es el primer país europeo que visita desde que se convirtió en papa, en mayo del año pasado.Un mensaje a Europa y cementerios sin lápidas“Europa no puede proclamar la dignidad humana y acostumbrarse a que el Mediterráneo y el Atlántico sean cementerios sin lápidas”, dijo León XIV este jueves en su primer discurso en el puerto de Arguineguín de la isla Gran Canaria, adonde llegan miles de inmigrantes que huyen de Africa.León XIV es el primer pontífice en poner un pie en Canarias, escenografía dramática de los miles de inmigrantes que se lanzan al mar para llegar a suelo español, y un sueño que el papa Francisco no llegó a cumplir.La ruta canaria está considerada una de las más peligrosas del mundo. Quienes la emprenden llegan a recorrer hasta más de 1.600 kilómetros en situación precaria.Casi 2.000 personas se ahogaron en el mar intentado llegar a Canarias el año pasado, según la ONG Caminando Fronteras.León XIV se refirió a estas travesías como “cementerios del mar”.“Cada vida perdida en estas rutas es un fracaso para la familia humana -dijo el papa en otro acto con migrantes, previo a la misa en el puerto-. No obstante, existe también un naufragio silencioso después de la llegada: quedar solo en una ciudad, sin lengua, sin vínculos sin trabajo, sin confianza y expuesto a quienes se aprovechan de la vulnerabilidad.”“Integrar es impedir este segundo naufragio”, subrayó el pontífice.“El mar que rodean estas islas trae hasta nosotros historias que no siempre sabemos leer, historias de dolor, de esperanza, de búsqueda”, insistió León XIV en la Plaza del Cristo de La Laguna, un espacio emblemático de Tenerife y que fue fundada a finales del siglo XV.“¡Deténganse, conviértanse!”León XIV tuvo palabras también para “quienes se aprovechan de la desesperación, a quienes organizan rutas de muerte, trafican con personas, retienen documentos, explotan trabajadores, amenazan mujeres, engañan familias y convierten el sufrimiento ajeno en negocio”.“¡Deténganse, conviértanse!”, exhortó el papa a las mafias que cobran a los migrantes grandes sumas de dinero para trasladarlos hasta las costas europeas en condiciones precarias y riesgosas.Antes, el pontífice había escuchado algunos testimonios de inmigrantes africanos y latinoamericanos, las principales procedencias de los extranjeros que viven en Tenerife, la isla más grande y poblada de las Canarias.Allí les habló a los inmigrantes: “Aprender su lengua, respetar sus leyes y conocer sus costumbres”, les recomendó.“Integrar es un camino recíproco. Quien llega aprende a habitar una vida nueva y quien recibe aprende a ensanchar su propia casa sin diluir su identidad”, destacó León XIV.A los católicos les pidió “que la integración no quede reducida a una tarea social”.“Quien llega a nuestras parroquias necesita techo, lengua, trabajo y protección”, enumeró.“Integrar no significa borrar la historia de quien llega ni exigirle que deje atrás todo lo que forma parte de su memoria -aclaró el papa-. Tampoco significa crear mundos paralelos, cerrados, donde las personas conviven sin encontrarse realmente.”León XIV fue despedido de la plaza de La Laguna por la comunidad peruana en Tenerife con música tradicional, en recuerdo de los años en los que Robert Prevost fue misionero y obispo de Chiclayo, en el noroeste de Perú.El papa paseó luego por las calles de Tenerife parado en un boogie y, luego de entrar en el Palacio Salazar, sede del obispado, volvió a asomarse al balcón debajo del cual lo aclamaba una multitud de fieles.El pontífice recorrió los 12 kilómetros desde La Laguna hasta el puerto de Santa Cruz de Tenerife, donde 32.000 personas siguieron la misa de León XIV en el puerto de Tenerife.“Interpreten su vocación a la acogida”, recomendó el papa en su última homilía en España.
"Todos somos migrantes": León XIV cierra su histórica visita a España con una advertencia a Europa sobre la inmigración
El pontífice concluyó su gira de siete días en Canarias, donde visitó el mayor centro de acogida para migrantes del país.Lo hizo en coincidencia con la entrada en vigor en España y el resto de la UE del nuevo Pacto sobre Migración y Asilo que blinda las fronteras y agiliza las deportaciones.










