El papa León XIV ha asegurado que "la Iglesia no puede permanecer muda ante quienes son abandonados" en el mar, durante su discurso en el muelle de Arguineguín (Gran Canaria), donde ha llegado para poner el foco sobre el drama de la migración.PublicidadEl pontífice estadounidense, el primero que visita estas islas, ha arribado desde Barcelona a Gran Canaria "donde llegan tantas vidas heridas, despojadas de casi todo, pero nunca de su dignidad" y ha dejado claro que la Iglesia no debe callar ante ese drama. Desde Arguineguín, que en 2020 fue llamado el "puerto de la vergüenza" después de que se hacinaran más de 2.300 migrantes durante días, el papa ha preguntado "si hemos sabido reconocer a Cristo en quienes desembarcan marcados por el miedo, el hambre y la violencia, después del desierto, de la noche y del mar".El papa ha explicado que lleva en su dedo el anillo del Pescador, que recuerda las palabras de Jesús a Pedro "de ser pescador de hombres". "Pero aquí y en lugares como El Hierro, ese mandato adquiere una fuerza literal y dolorosa", ha constatado. "Aquí hay personas recuperadas del mar y cuerpos exánimes rescatados de las aguas. Por eso, el Sucesor de Pedro no puede desentenderse de estos muelles. La Iglesia no puede desentenderse de estas aguas ni de ningún lugar donde el hambre, la sed, la violencia, el miedo o el exilio sigan hiriendo la dignidad humana", ha destacado.El papa ha asegurado que "la fe no se queda paralizada ante el poder del mar" pues los católicos creen "en un Dios que somete el caos, pone límite al mal y abre un camino cuando parece imponerse la muerte". Además, ha condenado que a los "monstruos que acechan estos mares: mafias que trafican con la desesperación, tratantes que esclavizan mujeres y niños y la indiferencia de muchos que permiten que los pobres sean tragados por la explotación o por el olvido".Ante ello ha puesto el ejemplo del pasaje bíblico en el que Cristo, que camina sobre las aguas y, ante la tormenta, pronuncia una palabra: "¡Calla, enmudece!": "Esa voz sigue resonando contra las fuerzas que devoran, esclavizan y descartan a tantos hermanos nuestros. Ahí donde Cristo manda callar al mar, la Iglesia no puede permanecer muda ante quienes son abandonados a sus aguas".PublicidadTras escuchar los emocionantes testimonios de migrantes, ha querido agradecer de corazón "a cuantos se suman a los rescates, a la acogida y al acompañamiento, dando testimonio de que la misericordia concreta puede salvar y cambiar vidas".Después de oír a una víctima de trata de personas, también se ha dirigido a los migrantes para que "no entreguen su existencia a quienes comercian con ella. No les crean a quienes prometen paraísos fáciles a cambio de su cuerpo, de dinero, de silencio o de su libertad. Esas falsas promesas son “cantos de sirenas, son industrias de muerte".Uno de los primeros testimonios que ha escuchado el papa ha sido el de Tito Villarmea, capitán de Salvamento Marítimo en la Guardamar Urania, emocionado por hablar ante León XIV a pesar de estar acostumbrado "a la tensión: naufragios, noches oscuras, voces que esperan la llegada de nuestras embarcaciones naranjas".Publicidad"Hoy estoy aquí convencido de que ellos y mis compañeros de Salvamento Marítimo lo merecen", ha explicado Villarmea al relatar que han rescatado a más de 20.000 personas. "Es una cifra que duele y que no se olvida. Todos conocemos la imagen de Canarias de día, pero de noche es otra realidad: mar brava, oscuridad absoluta y embarcaciones frágiles cargadas de vidas", ha señalado el capitán.Ha contado una ocasión en la que una mujer se acercó a su hija de 14 años muerto en la travesía en una patera. "Le quitó el gorro y la cazadora y sacó unos pendientes dorados para colocárselos emocionada. Era una niña. Lloró ella y lloré yo, porque soy padre de dos adolescentes. Podrían haber sido mis hijas. En cada rescate vemos a una persona cuya vida depende directamente de nosotros".El capitán, en representación de los más de 1.600 profesionales de Salvamento Marítimo, ha querido terminar con un mensaje de esperanza: "Ojalá nunca más tuviéramos que rescatar a nadie. Trabajemos como sociedad para que este drama disminuya y para construir un mundo más justo".Después, María Reyes Alemán, voluntaria de Cáritas, ha dado voz a las dificultades de su trabajo de ayuda a los migrantes. "Más allá del cansancio visible en sus cuerpos, nos impactaba la mezcla de incertidumbre y esperanza que traían consigo. Nos dolía su drama humano y sentíamos que no alcanzábamos a comprender toda la magnitud de lo que estaba ocurriendo", ha declarado."Aprendimos que no se trataba de resolverlo todo, sino de estar presentes. Escuchar, ofrecer gestos de cercanía —unas zapatillas, un abrigo, un café— o ayudar a conseguir la documentación necesaria era ya un modo de acompañar. Descubrimos que los pequeños gestos, una sonrisa o una mirada, pueden transmitir esperanza y hacer que alguien se sienta acogido, incluso sin compartir el idioma". Y María Reyes ha lanzado un mensaje: "Cada persona que llega no es un problema que resolver, sino una historia que abrazar y acompañar".Una voluntaria ha leído un testimonio de una mujer nigeriana víctima de trata, que por motivos de seguridad no estuvo personalmente en el encuentro con el papa. "Me llamo Ayo. Soy de Nigeria. Vengo de una familia de ocho hermanos, y desde muy pequeña aprendí lo que significa luchar cada día solo para sobrevivir. No me fui de mi país porque quisiera. Me fui porque no había otra salida. Alimentarnos era casi imposible. A los 14 años ya estaba sola frente a la vida, buscando cómo seguir adelante. Una lucha que no ha terminado", ha manifestado.En el testimonio, Ayo cuenta que dejó Nigeria para poder dar una vida mejor a sus dos hijas pero la mafia la llevó a un lugar donde le hicieron un ritual, el "yuyu": "Me dijeron que tenía una deuda de 25.000 euros que debía pagar cuando llegara a Europa. Así empezó mi cautiverio".Publicidad"Esperé seis meses para poder salir. Seis meses sin apenas comer, sin poder bañarme durante semanas, viviendo en condiciones que no desearía a nadie. Y cuando llegó el momento de cruzar el mar, vi cómo las personas que salieron antes que nosotros ese mismo día murieron ahogadas", sigue el testimonio.Consiguió llegar a España, se quedó embarazada de un traficante, le quitaron el bebe y la obligaron a prostituirse. "Cuando la policía detuvo a quienes me tenían presa, y por fin pude tenerle conmigo. Desde entonces, con la ayuda de la Iglesia a través de las trabajadoras sociales, la vida ha empezado a cambiar. Poco a poco. No ha sido fácil, y hay días en que la esperanza se hace muy pequeña. Pero he aprendido a creer en mí misma de nuevo. He aprendido que puedo lograrlo", ha continuado la voluntaria, que no ha podido contener el llanto durante la lectura."Quiero agradecer de corazón la oportunidad de contar mi historia hoy, aquí, ante ustedes. Rezo para que Dios les bendiga y les dé fuerzas para seguir ayudando a otras mujeres como yo", ha concluido el escalofriante relato de Ayo.PublicidadEn este acto, en representación de todos los migrantes que llegan a España, estaba María Fernanda López Meza, una colombiana que llegó a las Palmas de Gran Canaria en 1997 y después de pequeños trabajos ha logrado fundar su propia empresa: "He podido cumplir un sueño que parecía imposible cuando dormía en la calle". María Fernanda López Mesa ha pedido que "las gestiones y trámites para quienes llegan sean cada vez más humanos y ágiles". "Gracias Gran Canaria por tanto", ha concluido.
León XIV afirma que "la Iglesia no puede permanecer muda" ante el drama migratorio
El pontífice estadounidense, el primero que visita estas islas, ha arribado desde Barcelona a Gran Canaria "donde llegan tantas vidas heridas, despojadas de casi todo, pero nunca de su dignidad" y ...
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