Entre los muchos artículos olvidados de la Constitución, esta semana hay uno que ha pasado especialmente desapercibido: el que establece que “ninguna confesión tendrá carácter estatal”. Es cierto que el texto también contempla relaciones de cooperación con la Iglesia católica y las demás confesiones religiosas, pero lo que hemos visto estos días parece ir mucho más allá de esa colaboración y encaja difícilmente en un Estado que se define como aconfesional.
Como ocurrió con sus predecesores, cada cual se ha quedado del Papa con aquello que mejor sirve a sus intereses. Los sectores progresistas destacan, con razón, su defensa de los migrantes. En plena ola reaccionaria y con acuerdos de gobierno entre PP y Vox que apelan a la “prioridad nacional” para criminalizar la inmigración, es importante la contundencia de León XIV en defensa de los derechos humanos.












