Los datos de una encuesta oficial todavía inédita evidencian que no hay un rebrote del catolicismo, pero sí muestra una transformación hacia la espiritualidad entre los jóvenes

Si en la Conferencia Episcopal ha cundido el optimismo por el aluvión de especulaciones sobre el rebrote católico que estaría evidenciando el interés de la cultura popular por la religión, bien harían los obispos en contener su entusiasmo. Más allá de los hábitos de monja de Rosalía y de los nuevos influencers que predican l...

a castidad, la imagen que devuelve el espejo a España es la de un país que sigue alejándose de Dios.

El catolicismo no solo mengua su dimensión, sino que la que todavía conserva se entremezcla con un espiritualismo rampante, el horror para cualquier guardián del dogma. “Siempre hemos pensado que la secularización disminuiría los católicos y aumentaría los ateos, pero es más complejo. Está todo lleno de grises”, afirma Mar Griera, catedrática de Sociología de la Universidad Autónoma de Barcelona, en una llamada a la cautela en el análisis que no altera la premisa: “No podemos hablar de un rebrote católico. La tendencia a la secularización sigue”.

Riera ha participado en el Barómetro sobre Religión y Creencias de la Fundación Pluralismo y Convivencia, adscrita al Ministerio de Presidencia, un estudio aún no publicado a cuyos resultados ha accedido EL PAÍS. Con 4.712 entrevistas online realizadas en marzo, es la primera encuesta de una serie que pretende convertirse en el termómetro de la temperatura religiosa española. Ya hay resultado de la primera toma: temperatura baja.